|
A ti, compañera siempre,
huella que sigo,
luz que me acompaña
en el camino,
morada donde habito
y lecho en el que muero
por no poder quererte
más de lo que puedo,
por no poder decirte
todo lo que siento,
a ti, quiero.
A ti quiero escribirte
los más bellos poemas,
aunque no sean mis versos,
ni mi pluma ni mi mente,
aunque sea tu piel que me abraza,
que me envuelve toda
como un poema mismo.
A ti quiero verte estremecer
cuando te acaricie,
aunque no sean mis ojos,
ni mi cuerpo ni mi índice,
aunque sea mi alma sedienta
que se agita en ese hálito
infinito de vida
que eres tú.
A ti, compañera,
dolor azul de amor,
oleaje desnudo
contra mi desnuda voluntad,
a ti quiero reunirme,
aunque no sea yo ni tú,
ni nosotros mismos,
aunque seamos nada,
juntos y eternamente nada.
Y algún día, entre la gente,
correré hasta ti,
apoyaré mi cabeza en tu regazo
y te escribiré este poema mientras tú,
besándome la frente,
te irás a buscarnos más allá
de toda sustancia, de todo material,
hasta encontrarnos.
Quiero que cuando te vayas
no me dejes nada de ti,
porque ya te tendré toda en mí.
|