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La murmuración tiene alas.
La murmuración vive en las ventanas
y tiene los ojos rasgados
de las persianas.
La murmuración pasa
más rápida que el viento
más rápido.
Y, como los huracanes, los ciclones
y los tornados, arrastra
todo lo que encuentra a su paso:
honras, secretos, nombres,...
La murmuración no duerme.
La murmuración es un monstruo,
un ser terrorífico
que tiene mil ojos, mil dientes,
mil manos, mil interminables
tentáculos.
La murmuración es hipócrita.
Como los camaleones, cambia de color,
cambia de tono de voz y toma la apariencia
de auténtico interés y amistad y preocupación.
La murmuración tiene el cuerpo lleno
de mil viscosas orejas.
Para la murmuración no existen obstáculos:
no existen tapias, paredes, tejados, puertas,...
La murmuración ata, de manera
invisible y sutil, más que las cadenas.
La murmuración ata, mata, frena,...
También, a veces, espolea.
La murmuración es un ser monstruoso.
Su aliento susurrante y hediondo
nada respeta.
Hay que huir de ella.
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