El timo de la TDT
No sé a ustedes, pero a mí esto de la TDT me parece un timo en toda regla, un timo de tomo y lomo, un timo con todas las de la ley. Francamente, todavía no le he visto ninguna de las muchas ventajas que los que nos la han vendido dicen que tiene. Todo lo contrario: hasta el momento, todo han sido inconvenientes.
En primer lugar, tuve que comprar tres adaptadores o decodificadores para las tres teles que tengo en casa. Como el técnico me dijo que comprándolos más buenos había más probabilidades de no tener que tocar la antena y de que se viese mejor porque tienen más sensibilidad para captar la señal o señales, en vez de comprarlos marca “la bellota”, me los compré “solamente” de marca. No obstante ser de marca y salirme a 60 eurazos cada uno, parecen cucarachas: pesan muy poco –como si no tuviesen nada dentro-, son chicos, negros y feos. El mando no le va a la zaga, no se han gastado mucho en él: es tan pequeño que no se pueden pulsar las teclas con las yemas de los dedos, hay que hacerlo con las uñas, pues si lo haces con las yemas de los dedos, aunque lo hagas con mucho cuidado, con frecuencia pulsas más de una tecla simultáneamente y, entonces, o sale la cadena que no quieres o se cambia a la radio o te pone un letrero que cubre casi toda la pantalla, letrero que no se quita automáticamente pasados unos segundos, sino que se queda ahí hasta que le des al O.K. o al Exit, tanto es así que ya se conocen casos de personas mayores que se han vuelto locas, que se han cabreado bastante o que han dejado al invento por imposible.
A ratos o por momentos, según el capricho del nuevo sistema o según para donde corra el aire o para donde esté el satélite o vaya usted a saber, se ven unas cadenas u otras, salen letreros como “Borrado”, “No hay señal. Por favor, compruebe la antena”, “Se han producido cambios en la lista de emisoras. ¿O.K.?”, a ratos o por momentos, las imágenes se congelan, o se cuartean, o se pixelan, o se rompecabezean, o como carajo se diga o lo que carajo pase. El montón de cadenas o canales nuevos, ni los miro, pues una vez vistos, no hay mucho que ver, no es para tirar cohetes; ya, antes, tenía como 9 ó 10 –tve1, tve2, antena3, cuatro, tele5, la sexta, canal sur1, canal sur2, la local,...-, o sea que, más que faltarme, me sobraban. Antes, si, por ejemplo, me iba a trabajar, quería ir a pasearme o quería acostarme, ponía a grabar el video y veía lo grabado al otro día o cuando tuviese tiempo o cuando me apeteciese. Ahora... ahora el video no graba. Hay vecinos que me han pedido permiso para subirse al tejado y orientar la antena para acá y para allá, hay gente que ha subido la antena más arriba, hay quien ha avisado al técnico y le han colocado una antena nueva,... casi todo para nada: el nuevo sistema deja mucho que desear.
Eso sí, ha sido un buen negocio para algunos, ha movido tal cantidad de millones, que si entre la TDT y la venta de automóviles no se ha recuperado la economía española, no se recuperará nunca. Mucha gente, “aprovechando” el cambio de sistema, ha preferido comprar una tele nueva en vez de comprar un decodificador, de manera que el año pasado se tiraron medio millón de televisores y, en éste, se calcula que se tirarán un millón. Súmenle a esto los millones y millones de decodificadores o adaptadores, las antenas nuevas vendidas, las visitas de los técnicos,...
Sí, ya sé que últimamente estoy hablando mucho de economía, aunque sea de microeconomía, de la economía que nos afecta a todos, la que afecta a nuestros bolsillos –artículos ¡Casi me pican! y ¡Currucucucucú...!-, pero es que a la gente, a los consumidores, hay que ofrecerles productos para que los compre el que quiera y no obligarlos a compras masivas que se convierten no en timos o estafas ilegales, como el tocomocho o las estampitas, pero sí en timos o estafas legales. (Recuerden que el cambio de tensión eléctrica de 125 a 220 voltios no fue obligatorio y puntual, sino gradual y a gusto del consumidor.) Y estos “timos” con todas las de la ley cada vez son más frecuentes. Recordemos el de los triángulos reflectantes, de poca utilidad, pero tiren cuentas: número de vehículos por precio de juego de triángulos. Otro: el de la construcción del AVE; podían haber invertido esa millonada en mejorar la red ferroviaria que ya había, en vez de construir una para ricos que ahora hay mucha gente que no se puede permitir. El último: la obligatoriedad de instalar en cada vivienda el ICP, el controlador de potencia eléctrica.
Cada vez que surge un nuevo tema de éstos, me acuerdo de José Sazatornil “Saza”, quien en “La escopeta nacional” de Berlanga y en el papel de un laborioso industrial catalán, quería colocar sus porteros automáticos y todo el mundo quería sacar tajada de su puesta en circulación.
La Televisión Digital Terrestre ha sido un tema de conversación recurrente en todo lugar y reunión, yo diría que al mismo nivel o más que la crisis, la copla, la liga,... Y es que hay negocios, negocietes y negociazos que se ven desde lejos, que se sabe que los tiros van por ahí. Y el sufrido ciudadano diciendo: “¡Virgencita, virgencita, que me quede como estoy!”
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