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"¡Mucha mierda!"

         Suena fatal eso de “¡Mucha mierda!” No sé de dónde viene esa expresión que rula en platós y escenarios entre actores y actrices para desearse suerte, ni maldita la falta que me hace saberlo. Chirría en los oídos. Aunque, en realidad, más que a actores y actrices, se la vengo oyendo con más frecuencia a los periodistas que los entrevistan, quienes, para estar a tono, para portarse de una forma guay, para fardar de snobs, la utilizan para desearles lo mejor a sus entrevistados.
         Pues que hagan –o digan– lo que quieran unos y otros, pero la expresioncita de marras suena “mucho feo”, “mucho grosera”, “mucho vulgar”, “mucho inadecuada”. Cuánto más sencillo y más bonito y más natural y más correcto sería un “¡Buena suerte!”, o un “¡Mucha suerte!” o, simplemente, un “¡Suerte!” o, por ejemplo, “¡Que te/os vaya bien!” e, incluso, esa fórmula tan simpática –mejicana, creo– de “¡Que te vaya bonito!”
         Pero, ¿“¡Mucha mierda!”? ¡Hombre, por favor! ¿De dónde ha salido semejante perla expresiva del idioma español, quién ha inventado tamaña lindeza? Lo que ocurre es que ahora está de moda defender las tradiciones y todo son tradiciones, aunque algunas o muchas de esas tradiciones sean eso: una mierda –con perdón–. Deberíamos eliminar de nuestra carta de tradiciones, sin ningún remilgo ni sentimiento de culpabilidad, todo lo soez, lo cruel, lo irracional, lo contracultural,... Porque, ya puestos, ¿por qué no desearles suerte a los artistas del espectáculo con un, por ejemplo, “¡Que te den!” o un “¡Vete al carajo!” o un “¡Anda y que te folle un pez!”
         Y, claro, lo que pasa: que ya puestos a hablar o escribir del tema, resulta muy difícil sustraerse a la tentación de interesarse por el origen de la expresión, aunque no sea un estudio en profundidad y aprovechando los rápidos medios de búsqueda de información –más o menos veraz– que la tecnología actual nos permite –y ustedes ya me entienden–.
         Pues el origen no está claro. De un lado “parece formar parte de una superstición que considera que desear buena suerte generaría justo lo contrario, mala suerte” –superstición absurda, nada racional ni científica, como todas las supersticiones– y provenir “de la costumbre en Francia de pronunciar “merde” como señal de éxito.” Y, de otro lado, “hay quienes explican que” esta presencia de la merde o mierda en el asunto de la buena o mala suerte en el mundo del espectáculo “se debe a que antiguamente, en París, sólo podían permitirse ir al teatro las personas de la clase pudiente, que acudían al mismo en coche de caballo. Entonces, si en la puerta del teatro había gran cantidad” de excrementos del género equino, significaba que el teatro estaba lleno o con un buen aforo, esto es, público, taquilla, éxito,... buena suerte. (Entrecomillo lo que he tomado prestado de la Wikipedia. Mi agradecimiento. Ningún día te acostarás sin saber una cosa más.)
         También recoge esta enciclopedia otra teoría, pero me gusta menos que la anterior, la cual me parece bastante más lógica y probable. Esta otra teoría afirma que “en la Edad Media, los artistas iban con sus carromatos por los pueblos. Cuando llegaban a uno, si había mucho estiércol a la entrada, calculando la extensión del mismo, eso quería decir que en aquel momento había un mercado, feria u otro acto y por eso entraban, hacían su espectáculo y se iban. Cuando se encontraban con otros artistas, se deseaban mucha mierda.”
         Y, ¡no se lo pierdan!: por lo visto, todavía existe otra fórmula –menos conocida– entre el gremio para desearse suerte: “¡Rómpete una pierna!” Cojonuda también.

 

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