Atraso evolutivo
Los seres humanos, que vamos por la vida de seres superiores y de dueños absolutos de este coto llamado “mundo” o “planeta Tierra” o “x”, somos, digámoslo sin tapujos y sin complejos, criaturas atrasadas evolutivamente. De las más atrasadas.
Pensemos, por ejemplo, en la lata que dan los niños pequeños. Primero, para traerlos al mundo –de lo que lo más placentero o lo único placentero es el hacerlos, la concepción-; todavía no hemos salido de aquello de parirás con dolor. Luego, para ponerlos en edad de andar, hablar y ser entendidos, sentarse en la taza del wáter a hacer sus necesidades y limpiarse solitos, asearse y vestirse solitos también, y comenzar a asistir al colegio, pongamos que al Segundo Ciclo de la Etapa de Educación Infantil. A esa edad -3 años- comienzan a bandearse solos y los padres a recuperar el resuello –perdido unos 3 años y 9 meses antes-.
Es preciso conseguir, ya sea evolucionando naturalmente –para lo cual nos queda un rato largo- o con el concurso de la ciencia que, como los reptiles, los insectos y otros órdenes de animales –considerados inferiores y menos desarrollados o evolucionados-, el hombre –y la mujer, naturalmente- nazca de un huevo, crisálida, cascabullo –utilizo esta forma popular de “capullo” para no llamar a confusión, pues de “capullo” ya nacemos- o similar y, ¡hala!, a correr por ahí y buscarse la vida o, al menos, por no parecer monstruo y cabrón, a no depender tanto de papá y mamá.
Pensemos, para verlo claro y convencernos -pues la idea, en principio, puede resultar absurda y descabellada-, en algunos animales. El cocodrilo: nace del huevo y ¡hala!, al agua, a nadar y buscarse las habichuelas; igual la rana: sale del huevo y ¡hala!, a nadar por ahí, a esperar que le crezcan las patas y se le caiga la cola, aunque para esto no necesitan la ayuda y los cuidados de sus progenitores; la mariposa: sale del cascabullo o pupa, extiende las alas y ¡hala!, a volar, a esnifar polen por ahí; la serpiente: nace del huevo y ¡hala!, ¡adiós, mamá!, a enrollarse por ahí;...
Incluso, algunos mamíferos, Orden zoológico –o como se llame- al que pertenecemos los primates, están más evolucionados que nosotros, pues aunque necesiten mamar durante un tiempo antes de comenzar a comer por sí mismos, al menos, en cuanto nacen, se ponen de pie y comienzan, como si nada, a andar y correr –igualito que nosotros- cerca de sus madres que, están en sus cosas y, cuando llega el momento –lo vemos continuamente en la tele-, los paren de pie –sin gritos, aspavientos ni historias- y siguen a lo suyo, pastando o emigrando de una sabana a otra, y no como la hembra de nuestra especie, que en cuanto comienza el embarazo, comienza a tener molestias y a manchar, y ¡hala!, venga médicos y venga bajas laborales, a no hacer esfuerzos y a vivir sin trabajar, con el consiguiente desaguisado para la Seguridad Social, para la empresa y para la sociedad en general. Un atraso... evolutivo. Lo que se ahorraría en tiempo, trabajo, dinero, dolores de cabeza, malos ratos,... si el ser humano consiguiese esta evolución o adaptación al medio.
Otro rasgo que demuestra nuestro atraso como especie es la menstruación en las niñas, que aparece, en los casos más precoces, a los 10, 11 ó 12 años. A ver para qué leches –y lo digo sin doble sentido- se quiere a esta edad la menstruación. Niñas que están todavía prácticamente enganchadas a las pelis de Walt Disney, a los regalitos del Ratoncito Pérez y creyendo en los Reyes Magos, chiquillas que están en el cole, todavía en Primaria o comenzando la Secundaria, en clase de Música, de Matemáticas, de Religión, de Tecnología o vete tú a saber y, de repente, empiezan a sangrar que, si su madre o su hermana o internet o alguien no las ha preparado para ese momento, se pegan un susto de muerte, que van más niñas a la Secretaría de los colegios e institutos a pedir compresas que a pedir tiritas o tiza, folios y fotocopias para el Maestro o la Seño.
Que si la especie humana se estuviese extinguiendo, pues vale que la menstruación apareciese cuanto antes, porque habría que perpetuar la especie. Pero nada más lejos de la realidad. No nos estamos extinguiendo, no. Todo lo contrario. El mundo apesta no a tigre, sino a homo sapiens. Un atraso y, al decir de muchas mujeres, un coñazo. La menstruación debería aparecer en la mujer cuando cada una la necesite. O no aparecer. Y si es un salto evolutivo demasiado grande, si es mucho pedir, pues que apareciese a los 18 años, como la mayoría de edad y el derecho a votar.
Y, ¿qué decir de las necesidades fisiológicas? Cada vez que nos venden la moto del gran paso que ha supuesto para el Hombre la conquista del espacio, la llegada a la Luna y que se espere Marte que ahora vamos para allá, lo primero en que pensamos casi todos es en esos pobres astronautas metidos en esos trajes herméticos de papel de aluminio, en cómo se las arreglarán para hacer sus cosas. Un atraso esto de la próstata, las pérdidas de orina, los esfínteres, el papel higiénico, los servicios de los bares y demás parafernalia.
Y termino con otro ejemplo –aunque se podrían poner más-: es urgente encontrar y desactivar el gen que vincula al ser humano con ese objeto esférico llamado “pelota” –por otro nombre conocido como “balón”. Esa dependencia nos tiene sumidos en la Prehistoria.
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