Hágalo usted mismo
¡Pues no, coño, que lo hagan los demás! Que lo haga el que lo tiene que hacer. Que yo ya hago lo mío. Lo último ha sido esto de “imprímase usted mismo el libro que desea comprar”. ¿El procedimiento? El que ya va siendo habitual: usted llega a la maquinita –o a la maquinorra-, selecciona lo que tiene que seleccionar, le echa por la ranura el dinerito, pulsa la tecla “palante”... y a esperar –poco tiempo, desde luego, que es, quizá, el mayor atractivo del invento-. La noticia es muy reciente. Los pioneros, en Londres. Aunque esto es lo de menos.
¿Qué pasa con el procedimiento habitual? ¿Nos va mal? ¿Bajará, al menos, el precio del libro al eliminar el coste del distribuidor y algún que otro intermediario? No creo. Hasta ahora, la cadena ha sido la siguiente: editor, impresor, distribuidor, librero, consumidor. ¿Cuál será ahora la cadena? Por muy larga que sea, se podrán eliminar al menos dos intermediarios –distribuidor y, tal vez, impresor o, según se mire, editor o librero-; pero, sean quienes sean, se supone que se abaratará el precio del libro. Pues ya verán ustedes como no.
Otra: en las gasolineras. He tenido muy malas experiencias con esto de servirme yo mismo el combustible. Me fastidia bastante llegar a una gasolinera y tener que servirme yo mismo y, a las que sé que funcionan ya así, les doy de lado siempre que puedo. Ir perfectamente limpio y maqueado a algún sitio y tener que parar en una gasolinera y servirte tu propio combustible es exactamente igual que ir a salir a algún sitio, perfectamente limpio y maqueado, y tener que bajarte, de camino y ya que vas para fuera o para abajo, las bolsas de la basura. En la gasolinera, por mucho cuidado que pongas y mucha maña que te des, siempre terminarás con las manos manchadas o, cuando menos, oliendo a gasoil o gasolina. Si bajas la basura, tres cuartos de lo mismo, lo más normal, por mucho cuidado que tengas, es que te la roces por la ropa o que te ensucies las manos o, cuando menos, que termines con sensación de suciedad en las mismas. Cada cosa tiene su momento. Y cada negocio debe tener su trabajador concreto, en el caso de las gasolineras, un empleado con un mono o un uniforme. Que no ahorren tantos sueldos, hombre, que no abusen de que es un bien de primera necesidad, un bien sin el cual no podemos pasar –adelante-.
Hace unos días fui a un sitio a revelar unas fotos –nada de carrete ya, por supuesto, iba con mi pendrive o memoria USB- y me dijeron: “Las puede revelar usted mismo en aquella máquina.” ¿Qué cara no me verían que salió el muchacho de detrás del mostrador, se dirigió a la máquina e imprimió “él mismo” las fotos?
Antiguamente ibas al barbero y te hacía el cuello y la barba con brocha y espuma y navaja de afeitar y, al final, se echaba colonia en ambas manos y te refrescaba la cara con ella. Ahora vas y, aunque te cobra bastante más –y eso que lo suyo no es Diplomatura ni Licenciatura universitaria-, te hace una faena de aliño, en seco, sin espuma y sin colonia y, a lo máximo que llega es a golpearte un par de veces la nuez con el cepillo de quitar los pelos. Así, no me extraña que la gente se compre una maquinita de pelar y se lo haga a sí mismo o a su cónyuge o a sus hijos.
Yo es que me veo llegando a un bar y sirviéndome yo mismo la copa o el cubata y poniéndome yo mismo la tapa o las palomitas en el microondas; un bar con un único empleado que está en la caja, sentado, solamente esperando que yo pase por allí a pagar. Y me veo llegando a un restaurante y limpiando la mesa de los restos del cliente anterior, poniendo el mantel, los platos y los cubiertos, etc, etc, etc.
Hay, circulando por ahí, un aserto que asegura que “si quieres algo bien hecho, hazlo tú mismo.” Vale. Pero no hasta estos extremos, carajo. No hasta estos extremos. Que le estamos quitando la magia a todo.
Y, si no entienden lo que les digo o no están de acuerdo conmigo, cuando vayan a una reunión, a una boda, a la compra, a una cita,... y descubran que tienen el depósito prácticamente vacío y tengan que llegar a una gasolinera y tengan que echarse el combustible ustedes mismos –procuren no rozarse con la manguera-, cuando terminen, huélanse las manos.
|