Típex parlamentario
Generalmente, cuando escribo o, al menos, cuando escribo artículos, planea sobre mí una sensación extraña, como si lo que voy a escribir o estoy escribiendo fuese a servir a alguien en el futuro para conocer como somos en la actualidad, esto es, tengo la sensación de estar haciendo, -un poco y modestamente- de notario de la realidad. Debe ser la influencia de tantas películas de ciencia-ficción como lleva uno vistas, ésas en las que alguna civilización no terrícola o el mismo ser humano llegan a nuestro planeta –destruido mucho ha por alguna guerra o alguna otra terrible circunstancia- procedentes del espacio o del futuro y encuentran documentos, cintas, videos,… no en tal mal estado que no les permitan ir conociendo la vida y costumbres del hombre de nuestros días.
En este sentido, estaba tranquilo de que, caso de que nuestra civilización se fuese al garete –lo que cabe dentro de lo posible-, al menos en dos casos quedaría constancia fidedigna de lo que sucede y lo que se dice, a saber: las sesiones parlamentarias y los juicios, en los que se trabaja –tengo entendido que siempre, en el caso de las primeras y, al menos, en los importantes, en el caso de los segundos- con luz y taquígrafos. Y es que las palabras se las lleva el viento pero, lo que se escribe, escrito queda –así como lo que se fotografía, graba y etc-.
Pues, no. Hete aquí que el Presidente del Congreso ha decidido retirar del Diario de Sesiones unas lindezas que se dijeron un diputado del PSOE y una diputada del PP en el Pleno que tuvo lugar el día uno –se ve que la Guerra Civil no terminó el 1 de Abril-. No se cumple aquí, por tanto, aquello de “Santa Rita, Rita, lo que se da no se quita”, pues se han quitado lo que se dieron, ni tampoco lo de “con luz y taquígrafos”, pues sus señorías han decidido hacer un oscuro para que el taquígrafo o la taquígrafa pueda sacar el típex y blanquear el acta de la Sesión.
Imaginemos que, dentro de unas centenas o unos milenios de años, el hombre u otros seres se encuentran en nuestro planeta –el Planeta Tierra- y, casualmente o escarbando como lo hacen nuestros arqueólogos para saber de civilizaciones como la romana, la egipcia, la maya…, dan con el Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados español del día 1 de Abril del año 2009. Y, lógicamente, se alegran sobremanera y lo leen y lo estudian concienzudamente y tal.
Pero, por muy detenidamente que lo lean y por muy concienzudamente que lo estudien, en ningún lado encontrarán y nunca sabrán que, ese día y en ese Pleno, el diputado del PSOE Miguel Ángel Heredia dijo, refiriéndose al alcalde de Málaga, que quien tiene impunidad para robarte un solo céntimo, la tiene para robarte hasta el último y que la diputada del PP Celia Villalobos le contestó llamándole ladrón e indigno, exactamente de la siguiente forma: Ladrones, vosotros, en Alcaucín, en el pueblo donde gobernabas. Eres un diputado indigno.
Quizás algunos -o muchos- de ustedes se pregunten qué importancia tiene esto en comparación con los asuntos debatidos y las resoluciones tomadas. Pues la tiene. Porque suprimir estas palabras que fueron dichas y, por tanto, anotadas en el acta del Congreso, no supone -como dijo Ramón Jáuregui- una “exigencia democrática”, ni es –como dijo José Bono- una “decisión salomónica”, ni se hace –como afirma el mismo Bono- “en aras de la mejor convivencia, en aras del mayor entendimiento”.
La exigencia democrática en aras de la mejor convivencia y el mayor entendimiento es que los representantes del pueblo cuiden su lenguaje en el futuro y piensen lo que dicen antes de decir lo que piensan, porque lo dicho, dicho está, aunque lo borren. Y, la decisión, no es salomónica, sino farisaica, es decir, hipócrita, pues maquilla, oculta o falsea las maneras y la educación de nuestros políticos.
Que, como diría José Mota, “no pasa ná”. Siempre he pensado que hay formas de violencia más graves en los colegios e institutos que el hecho de que dos chavales se enzarcen en una pelea mientras se mientan a la madre y a los difuntos. Todos somos “personas humanas” y podemos coger un calentón en un momento dado. “No pasa ná.” Pero, el típex, para los nenes del cole. Que ya somos mayorcitos.
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