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Obama versus McCain

         A veces se me viene a la cabeza, o al corazón, o a todo el cuerpo –no lo sé exactamente-, como el recuerdo, la sensación o el flash de hace unos cuarenta o cuarenta y cinco años en la huerta de mis abuelos, cuando yo era niño. Aquella vida tranquila dominada por el silencio, el hablar parco y pausado, el murmullo del agua en las regueras, el piar de los pájaros en los frutales, el mugir de alguna vaca, el ladrido lejano de algún perro,... La huerta estaba a varios kilómetros del pueblo, y no había allí ni siquiera un aparato de radio. Y achaco este venírseme inopinadamente aquel tipo de vida, no a la nostalgia, sino a un mecanismo de defensa instintivo de mi subconsciente ante el exceso, la intoxicación, la sobredosis, el hastío de información que, incluso sin buscarlo, sufrimos hoy en día en nuestra vida diaria. Queriéndolo o sin querer nos entra la información por la tele, por la radio, por el ordenata, en casa, en el trabajo, en el bar,... Nos entran machaconamente, una y otra vez, los nombres de Obama y McCain y las elecciones norteamericanas, el libro de la Urbano y las declaraciones sí-declaraciones no, de la reina, la crisis económica, las tortas sempiternas entre Zapatero y Rajoy o el gobierno y la oposición, los resultados de las muchas competiciones futbolísticas y, de manera especial, todo lo que afecta al Real Madrid y al Barcelona, las injusticias de la Justicia, la reunión del G20 a la que no hemos sido invitados, etc, etc, etc. Y claro, llega un momento en que te empachas, y comienza a dolerte la cabeza, a sentir náuseas en el estómago y a padecer ansiedad.
         Por ejemplo, nos aseguran insistentemente las emisoras de radio y las cadenas de televisión, como si nos fuese la vida en ello, que van a cubrir en directo, de día y de noche, en todos los frentes, y con inusual despliegue de medios, la votación y los resultados de las elecciones USA. ¿Tan importantes son para nosotros esas elecciones? Dicen los que saben que, lo que ocurre en Estados Unidos, afecta al resto del mundo. Puede que sea cierto, igual que lo era que todo lo que pasaba en la antigua Roma afectaba al resto del imperio. Pero no hay tanta diferencia como nos quieren vender entre Obama y McCain. No es elegir entre el bien y el mal, entre dictadura y democracia, entre... Obama y McCain, el Partido Demócrata y el Partido Republicano, son las dos caras de la misma moneda y, esa moneda, es la fórmula a la que ha llegado su sistema salvajemente capitalista para que sus ciudadanos crean que tienen la libertad de elegir, para que nada cambie en el fondo. Obama también representa y tiene detrás a poderosos grupos de presión, de dinero y de poder; Obama es –según alguna definición- el menos negro de los negros, esto es, es ya un negro blanqueado, un negro asimilado por el sistema y disuelto en él.
         Si Barack Obama gana las elecciones, ¿sacará E.U. las tropas y los mercenarios de las compañías privadas de Irak, reconocerá que se la invadió con mentiras, resarcirá a aquel país por los daños y por los miles de muertos?, ¿acabará con la situación fascista de la cárcel de Guantánamo?, ¿dejará E.U. de una vez por todas en paz a Cuba?, ¿dejará E.U. de intervenir en Latinoamérica?, ¿intervendrá para limpiar la iglesia de su país, infestada de pederastas, y meterá en la cárcel a los mismos?, ¿dotará a su país de un sistema sanitario que dé cobertura gratuita hasta al último individuo de las capas más pobres de la sociedad y a las minorías?, ¿hará algo por los indios sioux que están todavía en las reservas y cuya esperanza de vida es de 43 años?, ¿firmará E.U. y respetará los tratados internacionales contra la pena de muerte, la tortura y el cambio climático?, ¿cambiará la cultura norteamericana de veneración por las armas?, ¿hará pagar a los banqueros la crisis económica haciendo que devuelvan parte de los inmensos beneficios que se han embolsado en los tiempos de vacas gordas?, ¿meterá en cintura a la CIA para que no gobierne en la sombra?,...
         Puede que lo intente; o que intente parte de ello. Pero en cuanto se le vea el plumero, en cuanto tenga demasiadas veleidades liberales, izquierdosas, voluntaristas, generosas o de buena fe, le pegarán un tiro. No sería la primera vez. Porque a eso, allí le llaman “comunismo”, y la “caza de brujas” no ha terminado.          Y no estoy diciendo que dé lo mismo uno que otro. Si tuviese que elegir, yo también elegiría a Obama. No por ser el candidato bueno, sino por ser el menos malo. El abuelete McCain quizás podría servir para presidir la residencia de ancianos de su localidad natal. Y de la Palin mejor no hablar. ¡Miedo me da!

 

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