I.T.V. sacramental
Un conocido mío y yo estamos pergeñando la idea de una cartilla para controlar entre la ciudadanía acristianada –prácticamente toda- el cumplimiento de los Santos Sacramentos. Que, como todos sabemos –o deberíamos saber-, son: bautismo, penitencia, comunión o eucaristía, confirmación, matrimonio, orden sacerdotal y unción de los enfermos o extremaunción. (Y, por supuesto, que la vamos a inscribir en el Registro de la Propiedad Intelectual; sin ánimo de lucro, eso sí, pero la vamos a inscribir.)
Y es que, “nos”, venimos constatando desde hace bastante tiempo el cacao que hay entre la grey católica en este asunto de los sacramentos; y, cuando digo “cacao”, quiero decir desorden, absentismo sacramental y, precisamente eso: falta de control por parte de las autoridades eclesiales. Lo van a entender mejor con los siguientes ejemplos: niños y niñas que no han sido bautizados y, luego, hacen la comunión o se casan por la Iglesia, niños y niñas que no han hecho la primera comunión y, luego, se casan por la Ídem, personas que no recuerdan si han sido confirmados,... o sea, falta de seriedad, descontrol. Faltas, lagunas en el currículum que, si fuesen conocidas por los padres-curas, a más de cuatro los echarían para atrás por no haber cumplimentado los sacramentos anteriores.
Yo hice la 1ª Comunión vestido de blanco –ribeteado de azul-, de marinero, con un traje que ya les había servido a varios primos míos. Y la celebramos en el comedor del colegio –si a aquello se le puede llamar “celebración”-. Luego, la confirmación, también la recibí en el colegio –entonces, los colegios, como ahora, eran transmisores de ideología-: fue un obispo –creo- quien, sentado, nos fue dando a los niños puestos en fila unas breves palmaditas en la cara –palmadas flojitas, con guantazos ya nos “confirmaban” los maestros-. Eso fue todo.
Ahora, la sociedad española, nadando en la abundancia, ha perdido el norte en esto de las celebraciones –como lo ha perdido en otras tantas cosas-, tanto en lo que afecta a las celebraciones espirituales –falta de coherencia, sobra de ritos y ceremonias y falta de una auténtica vivencia cristiana,...- como en lo que se refiere a las celebraciones materiales –gastos exorbitantes hasta en los detalles más pequeños, despilfarro, megalomanía, banquetes pantagruélicos,...- .
El sinsentido o la burrada más gorda que conozco sobre este tema, es el de unos padres no creyentes que, fieles a sus principios, no dejaron que su hija hiciese la Primera Comunión; y fieles también a los principios de la modernidad en lo que respecta a la crianza y educación de los hijos, para que la niña no se traumatizara, la vistieron de comunión, le hicieron fotos en la puerta de la iglesia y celebraron el acontecimiento -¿?- en un restaurante.
No voy a decir aquello de “Pues todo esto se arreglaría si...” porque esto no tiene arreglo; las cositas del homo sapiens, nuestras cosas, la idiosincrasia del español, no tienen arreglo. Pero sí puedo decir que con esta cartilla que estamos ideando, el control sacramental estaría solucionado. Porque, tú vas al Banco: la cartilla –control del dinero-; te vas de viaje: el pasaporte –control de idas y venidas-; vas al médico: la tarjeta sanitaria –control de la salud-; vas a pasar la inspección técnica del vehículo (más conocida por I.T.V.): lo primero que tienes que poner encima del mostrador son los papeles del coche –y seis mil pesetas-; vas conduciendo, te para la Guardia Civil: los papeles,... En fin, que hoy día, ya metidos en el siglo XXI, todo lo que pretende ser serio y riguroso para que nadie se escaquee de sus obligaciones, va con papeles.
Pues, del mismo modo, al bautizarnos, al hacer la 1ª Comunión, al casarnos, etc, etc, la autoridad eclesiástica correspondiente –por ejemplo, el sacristán- nos iría sellando -encima del lugar, fecha y firma- en la casilla correspondiente de nuestra cartilla de Inspección Técnica de Sacramentos (I.T.S.).
Y cuando nos diesen la extremaunción, la cartilla quedaría completada. Y, de regalo, un sitio en el cielo para toda la eternidad.
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