De tópicos electorales
Hablaba en mi anterior artículo de las campañas electorales y de cómo es un tópico que duren quince días. Tanto es así que, hasta hace poco, a la campaña se le sumaban dos o tres meses de precampaña, pero, actualmente, estamos en campaña siempre, de unas elecciones a otras. La oposición ya no hace campaña solamente en las Cámaras y en la campaña y precampaña, sino que, al igual que la prensa del corazón, tiene permanentemente los micrófonos abiertos, las cámaras encendidas y las páginas de los periódicos en blanco para atacar al Gobierno y arrimar el ascua a su sardina, léase, vender sus ideas. Así ha sido durante estos últimos cuatro años, no sabemos si seguirá siendo así en los próximos cuatro. Y eso, inevitablemente, obliga al Gobierno a tener que entrar en esa guerra o campaña permanente con declaraciones, contradeclaraciones, ruedas de prensa, etc, etc, para defenderse.
Pero no es este el único tópico que nos encontramos si analizamos las campañas electorales. En lo que se refiere a tópicos, una campaña electoral no tiene desperdicio. Vamos a dar un repasito ligero para entretenernos.
En campaña, los políticos cambian el vestuario: se desempolvan las cazadoras, los jerseys, las rebequitas, las mangas de camisa... y se dejan descansar por un tiempo los trajes y las corbatas. Hay que presentar un aspecto más cálido y cercano a la gente. Otro tópico electoral son las fotitos tiernas: la fotito acariciando a un niño, abrazando a una persona mayor, estrechando efusivamente la mano a un ciudadano tipo “pueblo llano”,... De todas, quizá la más peligrosa es la del mercado de abastos, porque no saben si les van a tirar piropos y besos o les van a tirar tomates podridos, hojas de col, pimientos chuchurríos,... Otro: los eslóganes, las frases con gancho. Palabras como: puedes, podemos, haremos, cambio, cambiar, juntos, futuro, esperanza, ilusión, ahora, compromiso, momento, nosotros,... van y vienen por doquier, dándose la paradoja de que ideas y eslóganes que utilizaron unos hace veinte o treinta años, los usan ahora los del partido de enfrente –como, por ejemplo, el famoso “cambio”-. (Podría haber algún eslogan que dijese como el programa concurso de Tele 5: ¡Tú sí que vales!) Dos tópicos electorales de todas las campañas, pero que en ésta están resultando dos joyas, son las promesas electorales –regidas por un “¿quién dijo miedo? ¡yo, más!”- y los debates en televisión –que es como decir un careo en un conflicto judicial o un “si eres hombre, nos vemos las caras... en el plató”-. Otro: las encuestas y sondeos, que deberían estar prohibidos, pues son otra guerra entre partidos; influyen en la decisión de los votantes, sus resultados dependen de quien los encarga, quien los hace y quien los paga y, además, no se sabe muy bien para qué sirven y no son muy fiables, pues se equivocan más que una escopeta de feria. Otro más: el triunfalismo; el signo de los que quieren vencer y los que han vencido: los dedos índice y corazón abiertos en forma de V en los mítines... triunfalismo anterior a la votación; y el triunfalismo posterior en la interpretación de los resultados, interpretación según la cuál, todos han ganado, nadie ha perdido. Y más: los regalitos –flores, globos, bolígrafos, pins,-, lo que se gasta en propaganda –folletos, carteles, fotos, sobres, papeletas, deuvedés,...-, lo llenos de mierda que dejan los pueblos y ciudades,... Y tópicos postelectorales, como las famosas frasecitas “voy a gobernar para todos” o “la sabiduría de la elección del pueblo”.
Ahora, el 22 -creo- acaba de comenzar la campaña electoral. Y quiero traer aquí dos viñetas geniales de Federico Delicado en el periódico “El Correo de Andalucía”; en una de ellas, un pobre votante dice: Me gustaría votar en defensa propia y, en otra, un señor, con impecable aspecto de diseñador tras una mesa, está diciendo: Una buena campaña no se improvisa: primero se crean los problemas, después se venden las soluciones. Y como, con tanta vehemencia y pasión electoral, parece que los políticos se jugasen y nos jugásemos todos el ser o no ser de la patria, del futuro... o de algo muy importante, quiero recordar también una copla que cantaba el cuarteto “Ser o no ser” –cuarteto del Gómez- en el Carnaval de Cádiz hace unos años: España, en el fondo, no es de derechas, ni es socialista ni es liberal, ni de centro ni franquista: ¡es masoquista y na más!
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