Tradiciones
Yo creo que los defensores de las tradiciones o, afinando, los enemigos
de importar tradiciones ajenas, tienen la batalla perdida. Los que se
resisten a la aceptación de Papá Noel-Santa Claus porque “lo nuestro de
toda la vida” son los Reyes Magos, los que se resisten y ven con malos
ojos y desagrado la fiesta de Halloween porque “lo nuestro de toda la
vida” es el Día de Todos los Santos con su representación del Don Juan
Tenorio,... francamente, creo que tienen la batalla perdida.
Es una ley biológica
básica de todas las especies –y eso incluye al homo sapiens/homo
consumer- que, el que se adapta, sobrevive. Por ello, siguiendo su
instinto natural, el ser humano se adapta; dicho de otro modo, se hace
ecléctico, es decir, acepta lo nuevo sin desterrar lo tradicional; es
decir, lo acepta todo, lo vive todo; que, además, es más fácil y cómodo
que luchar contra lo nuevo. Por eso, hay muchos niños que ya reciben
regalos de Papá Noel y de los Reyes Magos, por eso hay mucha gente que
monta en casa el Belén y el árbol de Navidad, por eso van coexistiendo
Halloween y los Santos y, por eso, quizás el que mejor se lo pase y más
viva-la-vida sea aquél que en Navidad se viste de Papá Noel, de Cartero
Real o de Rey Mago y va subido en la Cabalgata, en Carnaval se disfraza
y, si puede, sale en una agrupación cantando letrillas, en Feria se
viste de flamenco o flamenca, luego se va a la Romería de su pueblo
subido en la carreta cargado con la barbacoa, los chorizos, las
chuletas y las tiras de tocino, luego se hace el camino con su
Hermandad vestido de rociero, en Semana Santa sale vestido de nazareno
en su cofradía y, en verano, se cala el traje de turista –crema
bronceadora, toalla, tanga o bermudas, gafas de sol- y se pega todos
los días que puede en la costa. Porque la vida, afirma la sabiduría
popular, son cuatro días y, dos de ellos, estamos resfriados. Y,
además, ¿qué es la vida sino un teatro, un escenario por el que pasamos?
No seré yo el que se
ponga a defender las tradiciones. Tal vez, las tradiciones, como la
energía, ni se creen ni se destruyan, sólo se transformen. Tanto
fundamento tiene la de los Reyes Magos como la de Papá Noel, por poner
un ejemplo. Papá Noel no sé todavía quién es y, los Reyes Magos –que
creo que no eran reyes sino astrólogos o algo así-, eran orientales y
negros y, a ésos, los hombres blancos los tenemos bien puteados a
todos. Ni tan siquiera está demostrado que Jesucristo naciera un 24 de
Diciembre. Si queremos respetar las tradiciones, ¿por qué los Reyes
Magos vienen en barco, en tren, en tractores, en coches,... por qué no
vienen en camello? Si queremos respetar las tradiciones, ¿por qué los
padres no hacen que los niños sigan escribiendo “la carta” a los Reyes
Magos en vez de hacer el pedido por correo electrónico, llamada de
teléfono o mensaje desde el móvil? Los mayores se lo pasan muy bien
jugando con las tradiciones, haciendo y deshaciendo las tradiciones.
Las tradiciones van y
vienen. Y cada uno las respeta o no las respeta en la medida de su
interés y comodidad. Son tradiciones que se perdieron o se están
perdiendo el que las mujeres fuesen vírgenes al matrimonio, el ir a
misa los domingos, el echar los cristianos a los leones, el que cada
hombre llevase su navaja en el bolsillo, el servicio militar
obligatorio, el uso de distintos tipos de sombreros,... Son tradiciones
que perviven de alguna manera –que se han transformado- la lucha de
gladiadores, que ha devenido en dos hombres con guantes hostiándose en
un cuadrilátero, la lucha entre hombres y fieras, que ha devenido en
corridas de toros, el rejoneo, los forcados portugueses, los domadores
del circo,... la lucha entre animales, que ha devenido en las peleas de
perros y gallos. Se ha perdido aquella tradición tan “simpática” de que
a los niños los trae la cigüeña de París. Sobrevive la tradición de
ponerle, debajo de la almohada, los dientes de leche que se les caen a
los niños pequeños al Ratoncito Pérez. Hay fiestas y celebraciones que
se están introduciendo y van camino de convertirse en tradiciones, como
el celebrar las despedidas de soltero-a disfrazados de algo en grupo y
contratando un macizo-a para que se despelote, los concursos de
bebedores de cerveza, comedores de salchichas o huevos duros,...
Y, otro día,
hablaremos de eso tan gracioso que nos quieren vender de que las
tradiciones son “cultura” y, por eso, hay que conservarlas.
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