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Balance lector 2007

         Dijo Abraham Lincoln –al menos, a él se le atribuye la frase- que “más vale permanecer callado y que sospechen tu necedad, que hablar y quitarles toda duda de ello”. Hablando de lo que uno ha leído a lo largo de un año, ocurre lo mismo: que sería mejor no hablar, porque probablemente uno no demuestra lo mucho que lee y lo culto que es por la selección realizada de títulos y autores, sino todo lo contrario. Pero este articulista se arriesgará y hará, como en otros finales de año, balance escrito de sus lecturas.
         Comencé el año de una forma suave y, casualmente, bajo el influjo del número tres: primero, Mafalda 3, las siempre deliciosas y sin desperdicio tiras gráficas de Quino y su imperecedera Mafalda y, en segundo lugar, Otro verano contigo. Tinto de verano 3, el humor aparentemente intrascendente y simplón de Elvira Lindo. Continué con Reunión del aire, un libro –inédito- de poemas del joven escritor y editor José Miguel Desuárez, del que más adelante leí también su novela La habitación del Norte. Recién estrenada la primavera, otro libro de poemas, Huellas, del albaceteño Juan Lorenzo Collado Gómez y, luego, el libro de relatos ganador del I Premio Internacional de Narrativa “Hipálage”, Altramuces –libro traducido recientemente al valenciano-, cuyo autor es Paco Camarena. Y también el texto ganador del I Premio Internacional de Poesía “Hipálage”, Zona de silencio, del cubano Ladislao Aguado. A continuación, un estupendo libro de relatos de mi paisano, el ursaonense Juan Camúñez Ruiz, El pintor iluminado (y veintitantos relatos más),relatos amenos, bien contados y bien construidos pero, eso sí, en los que queda patente el gusto del autor por los finales extraños, inesperados, estrambóticos y, en algunos casos, incluso ilógicos y poco verosímiles. En los primeros días de mayo, otro poemario: Desvíos, del marbellí Domingo C. Ayala y, tras éste, otro libro de relatos: Sexteto de Madrid y otros cuentos, del gaditano José Manuel Benítez Ariza. Acercándose el verano, le tocó el turno a Cosmópolis o Ética de la ciudad utópica, un ensayo poético de Jesús Camarero y, ya en plena canícula estival, un libro que me regaló –porque incluía un cuento suyo- José Ángel Hidalgo Martínez, el autor de la novela “anónima” Vida de Íñigo de Esgueva, pícaro destos tiempos, libro de varios autores que llevaba esperando ser leído desde que me lo envió, hace seis años, por lo cual lo compensé llevándomelo conmigo de vacaciones a Galicia, para entretener los tiempos muertos entre tanta excursión, visita a monumentos y cascos antiguos, pulpo a la gallega y vino de la tierra: Nueva narrativa alicantina, publicado en 1997. Todavía metido en el verano, Historias de Aguadulce, un emotivo librito de entrevistas a quince personas mayores, hombres y mujeres, de entre setenta y noventa y tantos años, de la Aguadulce sevillana –no la almeriense-, en el que cuentan cómo era su pueblo y la vida en el mismo en “los tiempos antiguos”. Tras él y a punto de comenzar el otoño, Las cosas del campo, de José A. Muñoz Rojas, una colección de estampas bucólicas sobre el campo, al estilo de las de “Platero y yo”, con sencillas ilustraciones. De varios autores, Doce cuentos españoles del siglo XX, una edición de Anaya –ilustrada por Tino Gatagán- para niños y jóvenes, pero con firmas tan importantes como las de Francisco Ayala, Carmen Martín Gaite, F. García Pavón, Ana María Matute, Ignacio Aldecoa, Álvaro Pombo, Juan José Millás... entre otros. Y ya en pleno otoño, dos obras –una obra y un opúsculo- del poeta y escritor maldito Armando Buscarini –sobre el que ya escribí un artículo-: Orgullo. Poesía (in)completa y Cartas vivas. Epistolario inédito de Armando Buscarini con Rafael Cansinos Assens y Andrés González-Blanco. A continuación, Cantares de la tierra mía, poemas de Pilar Fernández editados por ella misma. La novela Guarnición de silla, del periodista y escritor sevillano Alfonso Grosso. Y he rematado el año, este año 2007 que ya se nos ha ido para siempre, con un portentoso ensayo inédito de otro paisano mío, Emilio Mansera Conde, titulado Andalucía, tierra de los tristes destinos y que lleva un subtítulo que parafrasea, con la intención de parangonar, a aquel “Brevísima relación de la destrucción de las Indias”, de Fray Bartolomé de las Casas, pues se subtitula Brevísima relación de la destrucción de Andalucía.
         En fin, estimados lectores, que esto de la lectura es una pasión y una adicción.

 

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