Jamón, jamón
Tiene guasa esto del jamón. Y es que te vas a los supermercados en esta época del año y ves desfilar los jamones ante tus ojos de un lado para otro que es una cosa: jamones metidos en los carros, charcuteros pesando y envolviendo jamones, jamones volando por encima de los mostradores que pasan a manos de los clientes, jamones con su traje blanco de algodón –que parecen jamones de primera comunión o con ropa de cristianar-, jamones en las cintas de las cajas, gente metiendo jamones en los portamaletas,... todo el mundo quiere un jamoncito para estas fiestas.
Pero hay que estudiar para comprar un jamón. Es que nos vuelven locos con tanta variedad: jamón serrano, jamón ibérico, jamón ibérico de cebo, jamón ibérico de recebo, jamón de hembra –se supone que existe el de macho- jamón de pata negra –se supone que existe el de pata blanca-, jamón semibellota, jamón reserva, jamón gran reserva, jamón tres jotas -¿aragonés?-, jamón cuatro estaciones –como la pizza-,... ¡Qué locura! Todos jamones y, sin embargo, cada uno de su madre y su padre. (A este articulista, el único que le suena es el “jamón serrano”, que es el que me daba mi madre cuando de niño y de muchacho le pedía algo, que le decía “mamá, dame esto o cómprame aquello”, y me contestaba “te voy a dar o te voy a comprar un jamón serrano”, que quería decir que no, un “no” rotundo, un “no” como un jamón de grande.) Y lo mismo pasa con la variedad en paletas o paletillas.
Tanto es así que deberían crear una carrera universitaria –además de las muchas que ya hay- para el asunto este de los jamones: Perito Jamonero, Licenciado en Jamones, Paletillas y otras Grasas, Técnico Especialista en, Oficial de 1ª de, Graduado en, Catedrático de, Máster en Productos derivados del Cerdo, Módulo de F.P. en, Doctor Honoris Causa –por causa del jamón- por la Universidad de Jabugo, Guijuelo, Extremadura, Teruel,... Porque, sinceramente, díganme cuántos y cuántas de ustedes distinguen todos estos tipos unos de otros. Y díganme si no hay contenidos para una carrera, aunque sea una diplomatura de 3 años. Porque, luego, está cómo se coloca el jamón, cómo se corta, cómo se sirve, cómo se consume, cómo se conserva,... están las partes del jamón: que si la babilla, que si la maza principal, que si el hueso plano, que si la pezuña,... están las herramientas que se necesitan para cortarlo correctamente: que si el jamonero –o soporte seguro y cómodo-, que si el cuchillo jamonero –estrecho, largo y flexible-, que si la chaira –o afilador para afilar el cuchillo-, que si el tejido adecuado para cubrirlo,... ¡Un mundo!
Una carrera, eso sí, con muchas prácticas; y no digo prácticas sólo de colocación, cortado, afilado,... sino de probado o catado, para llegar a ser un especialista con los ojos cerrados, solamente con el paladar. Porque parece mentira que siendo el cerdo uno de los animales más cerdos –valga la redundancia-, uno de los animales más sucios, más guarros, más cochinos, más marranos que existen –y que me perdonen-, den, al entregar su vida, con su sacrificio, una cosa tan rica, tan sabrosa, tan de chapó como es el jamón. -Mis respetos para el cerdo-. Tan rica, tan sabrosa, tan exquisita, que uno se pregunta por qué hay adicciones a sustancias tan raras y dañinas pudiendo ser un adicto o adicta al jamón, un “jamoinómano”, un “jamóndependiente”.
No suele ocurrirme con frecuencia, pero cuando me encuentro con alguien que me dice que no le gusta el jamón, le digo, sin dudarlo, que vaya al psiquiatra, que no está bien de la cabeza. Lo mismo hago cuando alguien me dice que lo toma con agua o refresco de cola, naranja, limón,... En fin, del jamón, en torno al jamón, sobre el jamón y en relación al jamón se podría hablar mucho; muchas anécdotas, muchas cosas –ya decíamos más arriba que hay materia para una carrera universitaria-. Por ejemplo, algunos niños y niñas pueden ser considerados depredadores del jamón, porque le quitan el tocino y se lo comen a puñaítos, sin pan ni nada, como si comiesen camarones.
Todo lo que digo en este artículo me sale del corazón –y del estómago-, que no me paga ninguna firma productora ni comercializadora. Pero, eso sí, a ver si algún ayuntamiento se decide a convocar un concurso de artículos apologéticos del jamón y me llevo yo el premio con éste.
Y que me perdone Bigas Luna por haberle copiado el título de su película para estas líneas.
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