Pero sigo siendo el Rey
En una reciente entrevista que escuché en la radio, un profesor de Derecho Penal explicaba que nadie puede ser juzgado por injurias a no ser que exista una denuncia del que se siente injuriado. Y comentaba que, en el caso de la caricatura de los Príncipes en la portada de la revista “El Jueves”, no había habido tal denuncia, pero que la Justicia había actuado de oficio o por su cuenta. Estuvo explicando también, en respuesta a las preguntas de los entrevistadores, lo que significa eso de la “inviolabilidad” del Rey que, si no lo entendí mal, quiere decir que al Rey no se le puede juzgar por ningún delito. Esa “inviolabilidad”, según este profesor –cuyo nombre no se me quedó en la memoria-, se extendió en 1995 a los príncipes y a los nietos. Esto suena más a “impunidad” que a cualquier otro concepto democrático pues, como seres humanos que son, pueden cometer actos delictivos y, como ciudadanos y españoles, deben responder ante la Ley.
Me decía un compañero, que fue Anasagasti el que abrió la caja de los truenos pidiendo en el Congreso la justificación de los gastos del dinero que se le da al Rey y a la casa real. Petición que le fue denegada, sin que se sepa muy bien por qué, dado que el dinero que se le da es bastante y es de todos, es dinero público.
La democracia española deja mucho que desear, pues parece que la Constitución española se ha hecho más para blindar y proteger al Rey y a la Monarquía, que para garantizar la igualdad entre todos los españoles, la libertad de expresión y demás. Pongamos algunos ejemplos. Si esto es una democracia auténtica, llevan razón los de la Entesa Catalana de Progreso cuando piden que el mando supremo de las Fuerzas Armadas lo ostente un civil, no un militar, el civil de más alto rango elegido por el pueblo, es decir, el Presidente del Gobierno. Si esto es una democracia de verdad, los cuatro concejales del PSOE del Ayuntamiento de Humilladero, en Málaga, tienen derecho a pedir –en el uso de su libertad de expresión- un proceso de revisión constitucional que permita desembocar en la III República. Sin embargo, fueron amenazados de expulsión en su propio partido y el presidente Chaves se apresuró a afirmar en los medios de comunicación, severo y rotundo, que el PSOE no es un partido republicano. Lo cual produce vergüenza ajena y tristeza, porque si esa afirmación la hiciera el PP, sería lógica y no extrañaría a nadie, pero “ser socialista” implica, por definición, ser republicano. Y no digamos, “ser de izquierdas”. –Quizás deberían quitar de su nombre lo de “obrero” y lo de “socialista” y quedarse solamente con PE, Partido Español.- En fin, si nuestra democracia fuera una democracia de verdad, consolidada y sin miedos, no se armaría tanto revuelo por la convocatoria de un referéndum en el País Vasco. Si quemar banderas y fotos del rey es un acto ilegal, injurioso y violento, pedir las cuentas del dinero no lo es, pedir en un pleno municipal un proceso por vía constitucional para llegar a la III República no lo es, y convocar un referéndum no lo es.
¿En qué quedamos: si hay libertad de expresión, si hay medios pacíficos, si hay vías legales para conseguir las cosas, por qué este rasgarse las vestiduras en cuanto alguien dice lo que piensa o intenta utilizar los medios pacíficos y las vías legales para cambiar las cosas, por qué este cerrar filas en torno a las cerradas ideas de “monarquía”, “patria”, “símbolos”, etc, etc?
Los políticos españoles –que no los españoles- hicieron una Constitución que otorgaba un poder nada democrático al Rey, que blindaba su persona, su familia y su status, y que lo situaba por encima del bien y del mal. Pero, mientras a él y a su familia no se les puede tocar, a los políticos se les desprestigia sin pudor con caricaturas, chistes y comentarios. Y eso es muy peligroso, porque cada vez es mayor el abismo que hay entre la figura enaltecida y subida a los altares de uno y el desprestigio de los otros. Que es lo mismo que ir educando a la gente en las bondades divinas y absolutistas de la Monarquía -que se dedica a la cultura y a los actos de beneficencia y no se mete en denuncias ni fregados- y los políticos –que se dedican sin tregua ni sosiego a una lucha cainita-.
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