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Fracaso escolar y
Educación Infantil

         Cuestión apasionante, sin duda, la del “fracaso escolar”. A decir verdad, cualquier fracaso es apasionante de estudiar y analizar. El llamado “fracaso sentimental”, es decir, por qué tantas parejas se separan o por qué tantos hombres y mujeres están solos habiendo en el mundo y a su alrededor tantos hombres y mujeres. El “fracaso del ser humano”, que no ha sido capaz de organizar un mundo donde coexistan  todos los seres vivos, todas las razas, todos los sexos,... sin desigualdades, sin hambre, sin injusticias.
         Lo primero que habría que plantearse es qué se entiende por “fracaso escolar”. Y es de suponer que todos entendemos por fracaso escolar el hecho de que el niño o la niña no alcance los objetivos propuestos, que no aprenda lo que tiene que aprender, que no adquiera los conocimientos y habilidades necesarios para desenvolverse en la vida, que no apruebe los exámenes,... -dicho de varias maneras-. Otra cosa son las causas o los culpables: ¿Fracaso del sistema educativo? ¿De los elementos que concurren al currículo, como la metodología, los recursos didácticos, la evaluación, etc., etc.? ¿Del maestro? ¿De la familia? ¿De la administración educativa?
         Aunque sería un análisis muy complejo y que daría mucho de sí, cabe preguntarse si uno de los factores o parte de la culpa está ya en la base, en el inicio, localizado en la Educación Infantil, en esa prisa por enseñar a leer, escribir, sumar, restar, contar,... a niños y niñas que no están maduros para aprender esas habilidades, en ese bombardeo de números y letras y fichas ya desde que llegan de la guardería con dos y tres años y se prolonga durante tres cursos hasta los cinco y seis años. Bombardeo y exigencia de trabajo y de resultados sobre niños y niñas que todavía, en muchos casos, vienen y van al cole en cochecito o en brazos de su madre, que se toman la leche en biberón o con cañita, que no saben limpiarse el trasero, que duermen y traen al colegio figuras de apego,... y que, en definitiva, no tienen más interés que el juego.
         La psicología sitúa la edad adecuada para el aprendizaje de la lectura, la escritura y el cálculo elemental –sumar y restar- entre los seis y los ocho años. Ello no quita que haya niños y niñas capacitados para hacerlo antes. Pero en las escuelas y colegios, los grupos de alumnos no se organizan por su madurez o su capacidad, sino por la fecha de nacimiento, por años naturales. Incluso así, ya llegan al colegio con diferencias: casi un año cronológico, que pueden ser dos de edad mental o madurez, más la diferencia que traen en estímulos de la familia y el medio socio-económico del que proceden. Es por eso por lo que uno de los objetivos principales que tiene la Educación Infantil –antiguo Preescolar- es homogeneizar el grupo, limar esas diferencias que traen de partida –edad, madurez y origen-, para que, a partir de la Educación Primaria, estén sentadas las bases, puestos los cimientos para que todos, paso a paso, sin prisa pero sin pausa, tengan adquiridos los citados conocimientos y habilidades al final del Primer Ciclo de Primaria. Lo que se está haciendo con esa presión que la sociedad ejerce sobre los maestros y maestras para que inicien estos procesos lo antes posible, con esta especie de carrera o competencia entre colegios y maestros por sacar a los niños leyendo, escribiendo, sumando y restando de la Educación Infantil, es todo lo contrario a homogeneizar, es una especie de “el que pueda, que me siga”.
         Sin necesidad de “bombardeos” y de planes sistemáticos de aprendizaje de la lectoescritura y las operaciones matemáticas, hay muchas formas de iniciar a los niños y niñas en el pensamiento matemático -clasificar, asociar, descomponer,...- y en el lenguaje –pronunciación, expresión oral, comprensión oral,...- con diversos juegos y actividades, y hay muchas cosas que hacer en la Educación Infantil para contribuir al desarrollo global de la personalidad del niño/a: educación plástica y artística, psicomotricidad, grafomotricidad, orientación espacio-temporal, asunción del esquema corporal, socialización, ritmo y educación musical, expresión corporal y dramatización, expresión de los sentimientos y control de las emociones, educación de la atención,...
            Y jugar. Jugar mucho –y no me refiero a juego dirigido siempre por el adulto-. Jugando se construye la personalidad y el pensamiento.

 

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