Pervivencia de la Ley Sálica
Cuentan que el pueblo franco, “los francos”, establecieron un duradero reino en una zona que abarca la mayor parte de la actual Francia, así como la región de Franconia, en Alemania. Y, uno de los reyes de este pueblo, Clodoveo I, promulgó a principios del siglo V la Ley Sálica, o más exactamente, las leyes sálicas, un cuerpo de leyes que fue la base de la legislación de los reyes francos hasta que en el siglo XII el reino de los francos desapareció y, con él, sus leyes. Pero, mire usted por dónde, todas las leyes de este pueblo no desaparecieron con él, sino que pervivió una muy concreta, la que establecía la prohibición de que una mujer heredara el trono. (Se ve que, aunque en su lenguaje, la palabra “franco” significaba “libre”, esta libertad no se extendía a las mujeres –ni a la población de esclavos que tenían-.) Y esa ley o esa parte concreta de las leyes francas fue aprobada en Francia, en 1317. En España, Felipe V –primer monarca de la dinastía Borbón-, haciendo bailar las cifras, promulgó la Ley Sálica en 1713. Según las condiciones de la “nueva” ley, las mujeres sólo podrían heredar el trono de no haber herederos varones en la línea principal -hijos- o lateral -hermanos y sobrinos-. (Andando el tiempo, Carlos IV la derogó y, andando más, su hijo Fernando VII, la promulgó, dando lugar, a cuenta de esa ley y de los derechos sucesorios, a las Guerras Carlistas.)
Pero todo esto no lo dice un servidor, que lo dice la Wikipedia. Y, además, ocurrió hace mucho tiempo. Hoy, las leyes españolas ya no las dictan los reyes, sino que están recogidas en una Constitución aprobada por un Parlamento democrático. Y en nuestra actual Constitución, aprobada en 1978, se dice, ya desde las primeras páginas, que “los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”. Pero también se dice, tan sólo unas páginas más adelante, que “la sucesión en el trono seguirá el orden regular de primogenitura y representación, siendo preferida siempre (...), en el mismo grado, el varón a la mujer”. ¿Se podría pensar o podríamos pensar los españoles que estamos ante una Ley Sálica más o menos encubierta?
Efectivamente. Estamos ante una discriminación por razón de sexo, estamos ante la Ley Sálica. Y ésa es una vergüenza que arrastrará España, la casa real española y los políticos españoles –todos: los de izquierdas y los de derechas y los de centro, los conservadores y los que se llaman liberales, los recalcitrantes y los que se dicen progresistas,... todos- a lo largo de los siglos venideros. La vergüenza de haber aprobado a finales del siglo XX una Constitución que legitimaba la discriminación de la mujer ante el hombre y despojaba de sus derechos a las dos hijas mayores de los reyes de España en favor de un tercer hijo varón. La vergüenza de no haber querido enmendar ese error en estos últimos treinta años reformando la Constitución para que no se materializase la misma discriminación con la hija primogénita de los príncipes de Asturias. Y, por último, la vergüenza de no haber querido darse prisa en hacerlo en estos últimos dieciocho meses para evitar que, en caso de que el segundo hijo de los príncipes hubiese sido varón, pasase “por cojones” –nunca mejor dicho- y respaldado por la Carta Magna, sobre su hermana Leonor.
Llevamos exactamente el mismo camino que en la generación anterior. Ha nacido Sofía de Borbón, la segunda hija de los príncipes de Asturias. Y los miembros de la casa real y los políticos diciendo que no hay prisa en reformar la Constitución. Parece que todos anduviesen deseando que naciese un varón, para que la cosa no tuviese arreglo. Porque, en ese caso, los derechos sucesorios pasarían del príncipe Felipe a ese hijo varón.
Lo siento por ella, por Sofía. Porque, aunque ha nacido en el siglo XXI y en un país de los considerados civilizados, será víctima de la Ley Sálica. Aquella que inventaron “los francos” allá por el siglo V. ¡Para que veamos si nuestra democracia tiene fuertes y antiguas raíces!
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