De de Juana y otros terrores
Que sabes que tienes que escribir y quieres escribir y no sabes de qué en concreto. Y te sientas ante el papel en blanco y no sabes si es el papel, el documento de word o tu mente lo que está en blanco. Y se te vienen muchas cosas a la cabeza pero no eres capaz de definir un tema en concreto.
Se te viene a la cabeza el caso de De Juana, que mucha gente clama para que no salga de la cárcel por la gravedad de sus delitos. Y ves a esa gente, que durante estos treinta años de democracia ha estado velando sus armas, con las banderas franquistas en la calle y llamando “asesino” a un presidente de gobierno. Y te da miedo esa gente, aunque sean minoría. Y ves a la otra gente y te da más miedo, porque ésa no es minoría, esa es el principal partido de la oposición y están en la calle, gritando y amenazantes, codo con codo con los otros, usando a las víctimas del terrorismo para derrocar al gobierno y usando todo lo que está a su alcance, crispando, tensando al máximo la cuerda de la democracia y revolviendo el río de la política nacional para ganancia de pescadores, justificando los medios con el fin que pretenden alcanzar, que es el poder a toda costa. Ellos, que lo perdieron por una guerra justificada con falsedades y mentiras y decidida como en una reunión de pistoleros en la cantina del pueblo, con la prepotencia y la chulería de las botas de espuelas puestas sobre la mesa. Y te chirría verlos por ahí pidiendo “libertad”, cuando es un axioma universal que derecha y libertad son incompatibles. Es que no les pega. Porque ellos han tenido desde siempre el monopolio de tener maniatada y amordazada y secuestrada la libertad.
Ellos, la derecha, quieren que De Juana se pudra en la cárcel. No les importa que se muera –su Dios les perdone-. Y yo no digo ni que sí ni que no, ni que salga ni que se quede, ni que se muera ni que siga vivo. Lo que digo es que la Justicia tiene que ser igual para todos los terrorismos, los de izquierdas y los de derechas, que las penas y la dureza de la ley tienen que ser las mismas para todos. Y no recuerdo haber visto ni una sola vez en la calle ni en los medios de comunicación a la derecha española ni al principal partido de la oposición pidiendo, con esa ferocidad y esa violencia, que Tejero Molina y Milans del Bosch se pudrieran en la cárcel –que querían, con su golpe de Estado, lo mismo que su maestro, el Generalísimo, cepillarse a algo más de veinticinco españoles-, ni pidiendo que se pudriera en la cárcel Castillo Quero –condenado a 24 años por tres delitos de tortura y asesinato, pero que cumplió sólo 11-, ni pidiendo que se pudrieran en la cárcel Rodríguez Galindo –que sólo cumplió 4 años de los 75 que le cayeron por secuestro y asesinato en la guerra sucia de los GAL-, ni pidiendo que se pudriesen en la cárcel Lerdo de Tejada, García Juliá y Fernández Cerdá –ejecutores de la matanza de los abogados de la calle Atocha; el primero se fugó en 1979 y hasta hoy, al segundo, se le concedió la libertad condicional, favor que aprovechó para fugarse también-. Por poner sólo algunos ejemplos.
Pero seguro que a la derecha española le parece estupendamente que se pudra en la cárcel el turco Alí Agca, que no asesinó a nadie, que sólo atentó contra un hombre, pero pasó 19 años encarcelado en Italia, y luego continuó condena en Turquía hasta cumplir 25 años. Pero no contentos con eso, le han aumentado la condena hasta aproximadamente el año 2015. Éste, a pesar de que el Papa lo perdonó públicamente en 1983 –en una humillante escena, por cierto-, éste sí se va a pudrir en la cárcel –su Dios los perdone-.
Mientras a unos se los siga viendo como terroristas, como asesinos sanguinarios y, a otros, como patriotas y salvapatrias, mientras no se deje de percibir la realidad dependiendo del color del cristal con que se mira, esto no tendrá arreglo.
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