Calendarios solidarios
Tengo delante la última foto de un grupo de españoles como su madre los trajo al mundo que ha llegado a mis manos. Se trata en esta ocasión de un grupo de ocho vecinos y vecinas del barrio madrileño de Hortaleza, que han posado desnudos para un calendario con el que protestan contra la implantación del Servicio de Estacionamiento Regulado y de parquímetros en su distrito. El calendario ya está a la venta en los kioscos de por allí al módico precio de cinco euros. No sé si ustedes se han dado cuenta de que esto de despelotarse para protestar o para solidarizarse va a más, hasta el punto de que yo diría que se está convirtiendo en moda. Tanto es así que, uno, que siempre ha sido coleccionista compulsivo de todo, se está arrepintiendo muy mucho de no haber ido guardando todas las que se ha ido encontrando en las páginas de los periódicos, pues, a buen seguro que tendría ya una pequeña colección.
En el principio fueron protestas individuales despelotándose y dejándose corretear en campos de fútbol, fórmula que luego se ha extendido incluso a parlamentos. Casi al mismo tiempo fueron las convocatorias masivas en plazas públicas para fotos publicitarias o artísticas. Y, después, llegaron las fotos de grupos: policías, bomberos, mujeres de futbolistas, fotos de hombres solamente, sólo de mujeres, mixtas, de jóvenes y menos jóvenes, de cachas y rellenitos,... fotos para todos los gustos -y disgustos-. No sé si los sociólogos ya están en ello, pero no creo que hayan tenido tiempo todavía de estudiar el por qué de este fenómeno, de este movimiento de despelote: si realmente los que protestan piensan que es una forma efectiva de protestar y cambiar las cosas, si realmente se trata de impulsos solidarios con causas nobles, si es que esto de los calendarios a cinco euros deja dinero, si es una fórmula nueva para atraer el turismo de interior, si es un canto a la libertad, si entra dentro de la moda del culto al cuerpo y lucimiento del palmito,... o de qué va todo esto.
Maneras de protestar y de solidarizarse ha habido siempre y hay muchas. Por ejemplo, aquella difícilmente explicable y no sé si un poco gilipollesca, de la huelga a la japonesa, consistente en protestar contra la empresa trabajando y produciendo para la empresa más tiempo del que la empresa te paga. Más: corte de avenidas y carreteras, encierros, reparto de octavillas, sentadas, manifestaciones con pancartas y consignas,... pero como España se ha vuelto civilizada, hemos pasado de las balas de goma, el tirarle piedras a la policía, la quema de contenedores y neumáticos,... y demás parafernalia, a posar desnudos y editar un calendario. Antes, en tabernas y talleres había calendarios de mujeres ligeras de ropa primero y, más tarde, en pelota picada, que daba frío y escalofríos verlas; y, en los sitios más serios, había calendarios de la caja de ahorros, la cruzcampo, el sagrado corazón, paisajes nevados, bodegones con escopeta y perdices muertas,... pero, de aquí a poco, por cualquier sitio que vayamos habrá calendarios de grupos de pacíficos ciudadanos y ciudadanas en bolas, posando, en aparente revoltillo, de pie, sentados, de rodillas, tumbados,... pero eso sí, colocados así y asao para estar juntos pero no revueltos y de forma que en realidad no se vea nada comprometedor.
De lo que no cabe duda es de que es un recuerdo bonito, un recuerdo que queda ahí para la posteridad, que se lo puedes enseñar en el futuro a tus hijos y nietos y, ahora, en el presente, en vez de enviar crismas o regalar otra cosa, envías y regalas a los familiares y amigos tu calendario en cueros vivos. No va a ser, desde luego, una foto tan vulgar como las de las bodas, bautizos, comuniones o para el dni.
España es un país que se pasa el año vistiéndose -de carnaval, de halloween, de penitente, de costalero, de mantilla, de rociero, de flamenca, de papá noel y rey mago, etc, etc- y, cuando no tiene de qué vestirse, se desnuda. ¡Pues, muy bien! ¡Pues, venga: todo el país a despelotarse, que todos tenemos algo por lo que protestar y con lo que solidarizarnos y, además, que lo que se van a comer los gusanos, que lo disfruten los cristianos! Y, ahora, discúlpenme, me voy, que hemos quedado con el fotógrafo.
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