Lotería de Navidad
“El dinero no da la felicidad.” Dicen. “El dinero no da la felicidad... pero ayuda a conseguirla.” Completan otros. “La mejor lotería es una buena economía.” Con mentalidad práctica de ama de casa antigua. “No es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita.” Con tufillo de resignación cristiana. “Lo importante es la salud.” Esto, a modo de consuelo cuando no toca, que es lo más habitual, que no toque. “Desafortunado en juego, afortunado en amores.” Aforismo que, si se cumple, estupendo, pues ser afortunado en amores, es decir, querer y que te quieran -o, para otros, ligar mucho-, no es cosa despreciable, pero que si no se cumple, como tantas veces ocurre con los refranes, mal asunto. Claro que, para ser desafortunado en el juego, tal vez baste con jugar, porque si nos vamos a poner a entendernos y a definir la realidad con refranes, dichos y frases hechas, hay uno que dice que “De enero a enero, la lotería pa el lotero”, es decir, que el que siempre gana con la lotería es el que la vende y, otro, que dice que “Jugar por necesidad es perder por obligación”, es decir, que si juega porque le hace falta dinero, ya puede irse despidiendo de que le toque, porque se supone que siempre que se juega a algo, se hace para divertirse y entretenerse. -Y perdonen que les explique los refranes, que es como explicar los chistes, cosa que no debería hacerse nunca, y el que los pille, los pille, y el que no,...- “Cuando la pobreza entra por la puerta, el amor sale por la ventana.” Otro. Y otro más: “Tanto tienes, tanto vales.” En fin, que por refranes, dichos y frases hechas, que no quede. Para todos los gustos.
Sabido y comentado es desde siempre por todos los que se bandean medianamente en el mundo de los juegos de azar, que la lotería de navidad es en la que menos toca. Claro que, éstos mismos, tras afirmar eso, también afirman inmediatamente que es la que está más repartida. -El que no se consuela es porque no quiere.- Que se lo digan al Organismo de Apuestas del Estado, que se queda con un buen porcentaje, un bocado del 30%. En Navidad 2004, cada español -y española, se entiende- jugó una media de 60 euros y, en El Niño 2005, una media de 20, 800 millones de euros en total, y dio en premios 560. Así que barajen las cifras y verán lo que supone para las arcas del Estado la lotería de navidad y el resto de loterías. Y como es en la que menos toca pero la que más ruido arma -con eso de los bombos dando vueltas llenos de bolitas y los niños de San Ildefonso toda la mañana del 22 metidos en nuestras casas, bares y trabajos en directo, a través de la radio o la televisión, cantando los números y los premios-, podríamos, digo, aplicar aquí, otro refrán más, ése de que, la lotería de navidad, “mucho ruido y pocas nueces”.
En este país no nos falta “la ilusión de todos los días”; y no lo digo sólo por la Once; también tenemos la Bonoloto, la Primitiva, la Lotería Nacional de los jueves y la de los sábados, los sorteos especiales de Navidad, el Niño y varios más, las quinielas, el sorteo del oro de la Cruz Roja, los cupones de varias organizaciones de minusválidos,... en fin, un país de ludópatas en toda regla. Un país cuyos sociólogos y psicólogos contemplan y combaten la ludopatía como una enfermedad, como una desviación de la conducta, pero que alienta y protege el juego desde el Estado. -Es otra paradoja y otra contradicción más, junto, por ejemplo, con la protección de los animales y las corridas de toros o la catalogación del vino como alimento para no tener que tratarlo como una droga más.- Un país que nunca ha estado mejor, que, materialmente, nada en la abundancia -lo que no significa que no haya pobreza-, pero cuyos ciudadanos hacemos cola para jugar a todo tipo de juegos de forma compulsiva. Será que, como decía aquella canción, “todos queremos más, más y más, y mucho más.” Suerte.
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