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Hombres y mujeres de provecho

         Mi sobrina ha terminado la Educación Primaria y comienza la Secundaria Obligatoria, la conocida E.S.O. Y, como los cheques y la gratuidad no alcanzan todavía a esa Etapa, quise dármelas de tío rumboso y le di cien euros para pagarle los libros de texto, y le dije que, si le sobraba algo, que se tomase un refresco. ¡Ingenuo de mí! ¡Ingenuo de mí, que no tengo niños y no sé lo que valen los libros de texto! Una vez que me ajustó las cuentas tuve que aflojar otros cien del ala. Es decir, que sólo los libros le han costado unas treinta mil de las antiguas pesetas. Si multiplicamos por el número de niños nos dará como resultado el negocio que es esto de los libros de texto y los millones que mueve.
         Pues, eso, contando con que en dos asignaturas -Educación Física y Plástica- no le han pedido libros. Que hay profesores que piden libro hasta para E. Física. Total, que ya puestos, me los estuvo enseñando y, mientras los forraba y les ponía el nombre, aproveché para hojearlos y hablar con ella un buen rato, más por cariño y por tomarle el pulso a la cuestión que por fiscalizar la inversión de mi dinero. La chiquilla tiene doce años y once asignaturas más la Tutoría y, ahora que es cuando más falta le hace la mochila de carro para transportar tanto saber para allá y para acá, dice que no es propia de esa Etapa, que ese tipo es para niños más pequeños y que nadie la lleva, así que se ha comprado una que parece un costal para cargarla a la espalda. Tiene, por poner algún ejemplo, una hora de Plástica y una de Música, pero dos de Religión, lo cual, si consideramos que es un instituto público de un país -éste- laico por Constitución, no deja de tener su miga. Además, las dos horas de Religión las tiene de nueve a diez de la mañana y, la de Música, el viernes a última hora. Y es que esto de las Artes Plásticas y la Música no debe ser muy importante o no debe tener mucho futuro.
         Por cierto que, en el libro de Música, en la parte y el cuadernillo dedicados a las formas musicales andaluzas, dice que el Flamenco nació en un triángulo cuyos vértices son Jerez, Ronda y Morón de la Frontera, y no sé qué pensarán de esto en Triana, Cádiz y los Puertos. Además, dedica muchas referencias a los villancicos flamencos, pero pocas a los otros palos, considera a la rumba uno de ellos, menciona sólo de pasada a la saeta, dedica dos páginas a los verdiales de Málaga y una a las canciones de quintos -¿?-, pero no dice nada de las grandes de la copla -Juanita Reina, Marifé, etc-, ni de los cantes de Huelva ni de los cantes mineros de Jaén y Almería, así como tampoco dice nada de la música de Carnaval -ya saben: coros, comparsas, chirigotas y cuartetos, tangos, pasodobles y cuplés-.
         La Tecnología, en cambio, sí debe ser importante y tener futuro, porque tiene tres horas, tantas como Matemáticas, Inglés, Sociales y Naturales. Y no se sabe muy bien qué criterio se ha seguido para seleccionar los contenidos, pues incluye, por ejemplo, electricidad y carpintería, pero no, por ejemplo, fontanería y gastronomía. Entre los interesantes y prácticos aprendizajes tecnológicos que tendrá que realizar mi sobrina -y sus padres- a lo largo de este curso 2006-2007, se encuentran: cómo hacer empalmes eléctricos, construcción de un interruptor clis-clas, cómo construir una llave de cruce, el corte y arranque de viruta de madera, cómo se lija, cómo utilizar la caja de ingletes, cómo unir listones en T, la construcción de puentes levadizos y de puentes en general -se ve que a los que se les ha caído la vigueta de cien toneladas del metro de Sevilla, no habían aprobado la Tecnología de 1º de la ESO-, el manejo de la segueta, el berbiquí, el soldador, las escofinas, el pelacables, etc, etc.
         Mi sobrina y sus compañeros de doce años tendrán que pasar una media de seis horas diarias en el instituto. A esto hay que sumarle el tiempo de desplazamiento a la ida y a la vuelta. Y por la tarde deben repasar, hacer deberes y preparar exámenes. Y lo ideal es que asistan, al menos, a un par de actividades extraescolares por la tarde. Y yo me pregunto: ¿qué adulto y en qué gremio se trabaja ya hoy día seis horas diarias? ¡Pobrecita mía!

 

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