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Memoria histórica y III República

         Tengo una espinita clavada con todo este movimiento de la recuperación de la memoria histórica -sobre el golpe militar, la guerra civil española y la postguerra, se entiende-. Porque tengo la impresión de que se está limitando casi en exclusiva a recuperar -mediante la localización y apertura de fosas comunes- los huesos de los que ya no tienen voz -con lo cual continúa el silencio, estos treinta largos años de silencio sobre el pasado y sobre la historia-, pero que, dicho movimiento, se está olvidando de intentar recuperar otra u otras cosas que perdimos con aquella guerra y que ni siquiera pudimos elegir recuperar en las urnas.
         En realidad, la espinita que tengo clavada no es estrictamente con las asociaciones para la recuperación de la memoria histórica -cuya encomiable labor abarca también la resistencia guerrillera, el exilio, las desapariciones, los encarcelamientos y los campos de trabajo, etc, etc-, sino con toda la izquierda de este país, con todas las fuerzas liberales y progresistas, cuya voz echo de menos y a los que veo apoltronados muy a su gusto en esta paz hija de aquel pacto de silencio que se hizo tras la muerte del dictador en nombre y en aras de una supuesta concordia entre todos los españoles.
         Una agrupación carnavalesca gaditana -el cuarteto “Ser o no ser”- cantaba allá por el año 1997 la siguiente letrilla: “Hace ya tiempo de la muerte del Caudillo y, por lo visto, ya nadie guarda rencor, ya la peluca con la que volvió Carrillo se la han devuelto y así se acaba la Transición. Y yo, sin embargo, pienso que el cambio no ha terminado, que todavía quedan cosas por devolver: se terminará cuando me devuelva la policía los catorce dientes que perdí en comisaría.” El cuarteto del Gómez piensa que el cambio no ha terminado por el asunto de los catorce dientes, pero hay también historiadores que piensan que la Transición en España no terminará hasta que se restituya la República, sistema legalmente constituido que nos robaron por la fuerza de las armas.
         Personalmente, pienso que lo que falla no son los sistemas o las ideologías, sino el ser humano. Tan podrida puede estar una monarquía como una república como una dictadura. Ahí está, si no, Bush, que es republicano, y Berlusconi, que ha sido varios años y hasta hace unos meses, presidente de gobierno de una república, y a la vista está lo que son Bush y Berlusconi y cómo está Italia. Pero, la verdad es que tantos reyes y reyesas, príncipes y princesas, y todo lo que los rodea, suena más a cuentos de hadas y a unos siglos oscuros de la historia de España que a un país adulto y a una sociedad seria, capaces de caminar solos y gobernarse a sí mismos. Claro está que no vamos a pedir a estas alturas que nos devuelvan la II República, cosa que sería imposible, pero sí podemos preguntarnos que para cuándo la III? ¿Para cuándo la III República española?
         Por lo demás, argumentos como los deseos de venganza de los perdedores o de una parte de la sociedad, el reabrir viejas heridas, la paz entre todos los españoles... y similares, no son más que formas de maniatarnos la palabra, las ideas y los sueños. Es mentira que en este país se haya pasado página sobre lo que ocurrió y se hayan superado las diferencias entre vencedores y vencidos: quedan en pie estatuas del dictador, quedan símbolos franquistas en las fachadas, quedan nombres de siniestros personajes en el callejero, quedan archivos sin desclasificar, quedan reconocidos franquistas jugando a la democracia,... Y es mentira que hayan dejado de existir las dos Españas y que sea la voluntad popular la que está gobernando: en cuanto se toca alguno de los temas que se tocaron entonces, como el papel de la iglesia, la propiedad de la tierra, la unidad territorial,... hay militares que hacen sonar los sables y reaparece con presteza y vigor, como si hubiese sido ayer en vez de hace setenta años, lo más reaccionario de este país, lo más peligroso.

 

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