La feria, la trilla y la duquesa
El sábado por la mañana estuve dando una vuelta por la Feria Agroganadera de la Feria de Osuna, que estaba ubicada en el Polígono Industrial, entre las carreteras de Ecija y de La Lantejuela. (Yo no sé si ya todo el mundo dice correctamente “polígono” o si, todavía, como ocurría en Sevilla hace unos años, muchos siguen diciendo “políngano”, “el políngano”.) Allí, además del ganado -équido, fundamentalmente-, dos que hacían un gazpacho a la antigua usanza, y otras cosas, se estaba “haciendo la parva”, es decir, se estaba haciendo una demostración de cómo se trataba o se trabajaba en la era la mies -el cereal ya segado- para separar el grano de la paja.
Me acompañaba en mi paseo un hombre con más de setenta años que había conocido y realizado esta labor y otras del campo. Recordó el calor que hacía y la morra que entraba trillando a las tres o las cuatro de la tarde en julio y agosto. Buscamos la sombra de unos arbolillos y nos pusimos a observar. El que trillaba hacía dar vueltas a dos mulos sobre la paja que simulaba ser la mies, sin haber enganchado todavía el trillo. Me decía mi acompañante que tenía que ser así, que primero había que romper la mies bajo los cascos de las bestias para que luego no se enredara en el trillo y lo bloquearan. Me decía que, de los dos mulos, el de la izquierda es el que mandaba o guiaba siempre, que había veces que en la misma era había dos o tres trillos trillando, y que había mulos guías tan buenos que, cuando el que trillaba se quedaba dormido -porque había veces que los que trillaban se quedaban dormidos, porque se tenían que levantar a las cinco de la madrugá y estaban molidos de trabajar-, se apartaban por su cuenta para no chocar con otro trillo. El que simulaba trillar paró los mulos, enganchó el trillo y continuó la faena. -Al poco, para que lo viéramos todo, se enganchó la mies por debajo y hubo que volcar el trillo y limpiarlo manualmente.- Mi acompañante apuntó que el trillo que estábamos viendo tenía un asiento con respaldo, por lo que era más fácil quedarse dormido, pero que muchos tenían el asiento -una especie de banco- sin respaldo, con lo que, si te quedabas dormido durante las aproximadamente cuatro horas que duraba la trilla -cuatro horas dando vueltas al sol antes de empezar a aventar-, te podías romper la crisma o terminar arrollado por trillo y mulos.
Estaba, como se ve, todo bien estudiado para sacarle el máximo rendimiento a las energías y al tiempo de aquellos peones, de aquellos braceros, de aquella especie de esclavos que trabajaban de sol a luna y de luna a sol, por poco más que por la comida, en una época en la que oficialmente no existía la esclavitud. Estos andaluces -y no andaluces- eran López, Pérez, Gómez, Fernández,... y son los que durante siglos, generación tras generación, han hecho ricos, inmensa e inmoralmente ricos, con su sudor, con su miseria y con sus vidas, a los que se apellidaron y se apellidan Fitz James Stuart, como esta Cayetana que, por unas razones o por otras, siempre está en los medios y a la que la Junta de Andalucía ha nombrado no hace mucho “Hija Predilecta” de Andalucía.
Hay que tener poca vergüenza para nombrar “Hija Predilecta” de Andalucía a esta mujer. Hay que tener poco respeto por esta tierra y por los andaluces. O ser una nueva casta de señoritos.
Por cierto, que encontré demasiado “flamenco” al que trillaba, con su traje corto, sus botas de montar y su sombrero cordobés, demasiao flamante y planchado; una estampa más propia de pintura costumbrista, de personaje quinteriano o de señorito cortijero, ganadero y rociero. Los que de verdad trillaban, aquellos braceros o peones, vestían más humilde y gastaban sombrero de paja, gorras de tela o pañuelos anudados, camisas y pantalones baratos y, muchas veces, remendados; y, en ocasiones, alpargatas. -Por favor, que no nos quieran pintar como amable y pintoresca una realidad que fue, cuando menos, dramática-.
A estos hijos de Andalucía es a los que la Duquesa de Alba, Doña Cayetana Fitz-James Stuart, llama delincuentes y locos. ¡Hay que joderse!
|