¡Mujeres!
La mujer con la que vivo, la que a mí me lava los calcetines y los calzoncillos, se empeña en que no use calcetines blancos -que son los únicos que uso para todo desde hace muchos años-, porque dice que se ensucian mucho y hay que hartarse de frotar para volver a dejarlos blancos, porque la lavadora no los deja blancos. Yo tengo el uso de calcetines blancos como un signo de identidad personal, como parte de mi forma de ser y de mi idiosincrasia -no de mi “indiosincrasia”, como me dicen algunos graciosos” y graciosas-. Yo, qué quieren qué les diga, sé que existen unas normas sociales también en el vestir, pero me veo bien con los calcetines blancos hasta en las bodas y en los entierros, no me veo hortera ni, como apuntan algunos, “con los tobillos escayolados”; en cambio, no me gusto con los calcetines de color, me veo viejo, me veo mayor. (Perdonen la crudeza de estas confidencias íntimas, pero de todos modos, con lo que hoy día se ve y se escucha en la tele de política, de guerras, de sucesos, de concursos, de famosos, etc, etc, estamos acostumbrados a todo.)
En fin que, en un acto de amor por ella, he decidido dejar de usar calcetines blancos. Y, ya de paso, avergonzado de que también los calzoncillos blancos se manchen mucho, he tenido la feliz idea de dejar de usar también, totalmente, calzoncillos de este color y usarlos más bien oscuritos, pongamos por caso, azul marino. Buena idea, ¿verdad? Y práctica, ¿a que sí? Pues, no. No me deja. Argumenta que no es lo mismo. Que los calzoncillos blancos se lavan mucho mejor y más rápido que los de color y que no hay más que echarlos en la lavadora y salen sin rastro ni memoria del pasado. Yo es que flipo en colores -nunca mejor dicho-. Deben ser esos misterios de las coladas, de los detergentes, de las lavadoras,... y de las tareas domésticas en general que nuestra limitada, cortita mente de hombres no alcanza a comprender.
¡Mujeres! Son exasperantes, son desesperantes, son exultantes, son despampanantes, son impresionantes, son relajantes,... ¡Mujeres! Son necesarias, son imprescindibles, son admirables, son adorables,... ¡Mujeres! Son fuertes, son tiernas, son comprensivas, son cariñosas, son constantes, son laboriosas, son luchadoras,... ¡Mujeres! Son madres, son esposas, son amantes, son amigas, son criadas, son enfermeras, son psicólogas, son administradoras,... ¡Mujeres! Sus manos limpian, sus manos acarician, sus manos friegan, sus manos consuelan, sus manos cosen, sus manos peinan, sus manos cocinan, sus manos decoran,... ¡Mujeres! Personas, con sus cosas, con sus pros y sus contras, con sus preocupaciones, con sus deseos, con sus sueños, con sus problemas,... ¡Mujeres! ¡Qué sería de nosotros sin ellas, qué sería del mundo sin ellas!
Y, ¿qué tienen, qué nos dan, que nos dan la vida y nos la quitan y nos la amargan y nos la endulzan y nos la envenenan? ¿Qué tienen vestidas, qué tienen desnudas? ¿Qué tienen sus ojos, qué tiene su boca, qué tiene su melena, qué tiene su risa y su sonrisa, qué tiene su espalda y qué tienen sus piernas, qué tiene su pecho, qué tiene su vientre y qué tienen sus caderas? ¿Qué tienen? ¡Mujeres! ¿Qué tienen por dentro y qué tienen por fuera?
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