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¿Qué escuela queremos?

         El Gobierno quiere reforzar en la escuela la educación en valores democráticos. Bautista Moreno, agricultor jubilado, afirma que debería enseñarse agricultura en todos los colegios e institutos. Carmeta Morán, autora del libro “Tareas domésticas para emancipados”, cree que sería fundamental para todos que hubiera unas clases en el colegio donde se enseñasen las tareas del hogar (limpieza, lavado, planchado, costura, cocina,...). Juan Cruz, escritor y periodista, dice que “para leer es preciso establecer una determinada disciplina, que proviene de la obligación de los profesores de enseñar a percibir los parámetros de la literatura interesante.” Está claro, ¿no? ¿No? Pues que los profesores tienen la obligación de inculcar a los alumnos el gusto y la afición por la lectura.
         Pero no son sólo casos aislados y más o menos anecdóticos de individuos que reclaman o aconsejan tal o cual enseñanza en colegios e institutos. La sociedad en general -padres, asociaciones, instituciones,...- quiere que en la escuela se eduque contra las drogas, se eduque contra el racismo, se eduque en el respeto y la integración de los minusválidos, se eduque en la igualdad entre hombre y mujer, se eduque contra la violencia de género, se eduque en el respeto a la tercera edad, se eduque por la paz y la no violencia, se dé educación sexual -sólo la parte teórica-, se dé educación vial, se dé educación ecológica -de respeto a la Naturaleza y al Medio Ambiente-, se dé educación para la salud -correcta alimentación, adecuada higiene, práctica de ejercicio físico-, se enseñe el conocimiento y respeto a las tradiciones, se inculque la idea de Europa -que no está muy arraigada-, se enseñe el flamenco, el teatro y la expresión corporal, la informática, etc, etc, etc. (Cabe preguntarse cuándo reclamará la sociedad que en la escuela se enseñe la filatelia y la numismática, la cría del canario o del gusano de seda, la caza y la pesca, el ajedrez, el toreo,... Todo se andará. Cualquier momento es bueno.)
         La sociedad -padres, asociaciones, instituciones- debería preguntarse y plantearse qué escuela quiere; la sociedad debería plantearse y aclararse sobre cuál es el papel de la escuela, es decir, qué tiene que enseñar la escuela y qué tiene que enseñar la familia y qué tiene que enseñar el Estado a través de sus distintos organismos.  Porque todo esto, todas estas peticiones, consejos, opiniones y exigencias, están teniendo lugar en un momento en que todavía algunos -¿muchos?- Maestros y Maestras y algunos colegios se andan preguntando cuál es su papel, si educar o transmitir conocimientos. Porque todo esto está ocurriendo en un momento en que la escuela se aleja cada vez más de ser un templo del saber y un foco social de irradiación de saber, cultura y educación, se aleja cada vez más de ocupar un lugar importante y determinante en la sociedad y en la vida de los ciudadanos, y es cada vez más un lugar de paso -de nueve a dos, de lunes a viernes, menos de la mitad de los días del año, con un parón en verano para el alumno de tres meses,...-, un lugar asistencial -donde tener a los niños recogidos-, un lugar donde lo más importante casi va siendo la fiesta de navidad, la fiesta de carnaval y la macrofiesta de fin de curso, un lugar donde el Maestro-a lucha -atado de pies y manos- por sobrevivir, haciendo su trabajo sin perder su dignidad.
         La educación es cosa, fundamentalmente, del hogar y la familia. Pero como es algo que se adquiere por impregnación, por contacto con modelos de conducta, cualquier medio, cualquier espacio, persona y situación son potencialmente educativos: la televisión, la calle, los amigos,... La escuela, también. Uno más. Pero no se puede pretender que la escuela lo enseñe todo, no se puede volcar en la escuela la gigantesca responsabilidad de la educación y la formación integral de todos y cada uno de los ciudadanos.
         En principio, los niños y niñas van a las escuelas e institutos a aprender matemáticas, lenguaje, inglés, geografía, historia, física, química,... Si los niños y niñas no aprenden esto, se le caerán las casas y los puentes recién construídos, colocarán los campings en las torrenteras, se equivocarán operando y administrando los medicamentos, dando el cambio en bares y supermercados, arreglando los coches, rellenando los papeles, traduciendo,... Hay que formar no sólo ciudadanos, sino profesionales cualificados -bien preparados- en todos los campos, porque son ellos los que tienen que echarse a la espalda el país a vuelta de unos años.
         Septiembre. Tiempo de colegios. Tiempo de niños. Tiempo de Maestros. Septiembre. Ha sonado la campana. Vuelta al Cole.

           

 

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