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¡Qué putada!

        De muchas maneras se ha definido la vida. Desde aquellos lejanos Nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar y Un frenesí, una ilusión, una sombra, una ficción, que toda la vida es sueño, de Jorge Manrique y Calderón de la Barca respectivamente, desde los también lejanos Arcipreste de Hita y Quevedo, que la definieron como juego y muerte viva respectivamente, pasando por Alejandro Dumas, al que la vida le parecía fascinante, por Chaplin, que la veía como tragedia o comedia -dependiendo de que se vea en primer plano o en panorámica-, pasando por Ana María Matute, que piensa que es un misterio tremendo, hasta llegar a Camilo José Cela, que la comparó con un sandwich, o a Gloria Fuertes, quien dijo de ella que es un disparate.
        A mí, no hace mucho, me preguntó un periodista que qué es la vida. Y lo primero que pensé contestarle es que la vida es una putada. Pero me pareció muy fuerte y yo mismo me autocensuré, contestándole que la vida es algo insoslayable. Y es que, efectivamente, la vida es una putada. La vida, el mundo, este mundo nuestro en el que vivimos, duele. Puede que en épocas pasadas, la gente viviese aislada, sin apenas recibir información del mundo exterior, afanada en comer algo cada día y criar a la prole, afanada en sobrevivir. Y puede que hoy todavía quede gente así, sin enterarse de lo que ocurre a su alrededor y, cuando digo a su alrededor, quiero decir, en el mundo. Pero lo veo muy difícil, dada la cantidad de información que recibimos y la diversidad de canales por los que nos llega. Y a poco que se tenga un mínimo de humanidad y de sensibilidad, el mundo duele.
        Duelen los niños hambrientos, mendigos, soldados. Duelen las mujeres maltratadas y asesinadas por sus maridos y por sus estados. Duelen los inmigrantes del Estrecho, ahogados o ateridos de frío y de muerte. Duelen en libertad los menores que matan a sus amigas, a sus padres, a sus vecinos. Duelen en libertad los mafiosos. Duelen en libertad los violadores y asesinos de niñas y sus víctimas. Duelen los curas pederastas refugiados en sagrado. Duelen los políticos con sus leyes. Duelen los jueces con sus justicias. Duelen las falsas democracias. Duele la globalización. Duelen los capitalismos salvajes. Duelen los países ricos y los países pobres. Duele la pobreza de la mitad y la abundancia de la otra mitad. Duelen los imperialismos actuales. Duele la esclavitud moderna bajo formas y estructuras económicas. Duelen las invasiones, las ocupaciones, las guerras injustas o mal justificadas. Duele la desaparición de especies animales y vegetales y la destrucción del medio ambiente. Duele tanto negocio, tanto dinero, tanto fariseísmo. Duele el día a día: tanta grosería, tanta vulgaridad, tanta superficialidad. Duele ser sospechoso cuando se piensa o se opina distinto a la ideología dominante.
        Duele, me duele este mundo de lobos; peor que de lobos, de fieras, de monstruos. Duele, me duele el Hombre, el Ser Humano, el no haber sido capaces, después de tantos siglos de sentimientos e inteligencia, de haber organizado este mundo nuestro de una manera más justa y fraterna, menos dolorosa, más mejor. Desde una óptica marxista, desde una óptica cristiana, desde una óptica humanista,... desde cualquier óptica, desde todas las ópticas, habrá que retomar el tema y empezar desde cero. Porque, como ha dicho mi admirado Eduardo Haro Tecglen Se vive con los pelos eternamente de punta.

 

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