¡Qué arte tiene mi niño!
“¡Qué arte tiene mi niño! Mi niño nació ya artista. Porque lo trae de familia. Porque lo lleva en la masa de la sangre. Mi niño empezó a actuar en tablaos y a bailar con cinco añitos. Y desde entonces, todo ha sido éxito, fama y millones. Ya tiene más de veinte años y está en lo mejor de su carrera artística. Hace seis meses cogió un coche de lujo, -un cochazo, que para eso se lo curra, para eso se lo ha ganao- y se puso a probarlo -¡qué arte!- a carajo sacao por las calles de Sevilla, con to la mala suerte de que se llevó por delante en un paso de cebra a un pobre desgraciao. ¡Qué viaje no le daría que lo mandó revoleao unos pocos metros más pallá! Igual hasta llevaba una copilla de más -cosas de la juventú-. No, carné de conducir no tiene. No, ni el coche tenía seguro. Ni falta que le hacía. Porque mi niño es un artista y eso de los libros y los papeles no se le mete en la cabeza. Total que ni paró. Dejó a aquel desgraciao -que ni sé cómo se llama; uno que pasaba por allí- allí tirao y se dio a la fuga. Pero luego, para no cargá con el muerto -nunca mejor dicho- urdió un plan -¡qué arte hay que tené!: mandó el coche a arreglá a otra ciudad bien lejos y a su hermano, que era menor de edad, lo mandó a echarse las culpas, porque él sabía que en siendo menor de edá, en España ya puedes hacer lo que hagas que no te pasa ná. Y él mientras, en estos seis meses, bailando como si nada, oye. ¡Qué arte tiene mi niño! Bailando como si estuviese bailando sobre la tumba del muerto. Llevando el nombre de Andalucía y de España por to el mundo. Como si ná. No se pué truncá una carrera tan importante de la noche a la mañana. Vale que se trunque la vida de un hombre. Vale que se deje una viuda joven y unos hijos huérfanos si los hubiere. No es lo mismo. Total, que a los seis meses va la policía y por lo que sea, por casualidá o porque estaba sobre el asunto sin creerse lo del hermano menor de edá, va y descubre to el pastel, toa la verdá. Y cla-ro, a mi niño no la quedao más remedio que reconocé que sí, que fue él. Pero como tiene un arte que no se pué aguantá y cuarenta mil euros, al rato estaba en la calle. Y al otro día bailando en Murcia. Como si ná.Y eso que hay gente que no entiende cómo se pué bailá después de haber matao a un hombre, de haberse dao a la fuga y de urdir lo que urdió. Y con el teatro lleno. Y eso que hay gente que no entiende cómo se puede ir a ver y a aplaudir a alguien que ha matao a un hombre, se ha dao a la fuga y ha urdido to lo que ha urdido. ¡Pues eso es el arte! ¡El arte que tiene mi niño! Cada uno que diga lo que quiera, pero mi niño va a seguir bailando. Sobre las tablas y sobre el Código Penal. Para eso se ha buscao un abogao que tiene más tablas que él y ya está publicando por ahí lo que ha sufrío mi niño, y lo mal que lo ha pasao con toa esta historia; y dice su abogao que va a intentar reducir las penas a lo mínimo y que, seguramente, todo quedará en una simple multa. Y la cárce, mi niño ni la pisa. Aunque haya quien diga que en quince o veinte años debería de bailar sólo en la cárce, que público no le iba a fartá. Aunque el desgraciao del paso de cebra esté pudriéndose y su viuda hecha misto. Porque mi niño tiene mucho arte. ¡Qué arte tiene mi niño! ¡Qué arte tiene esta Justicia! ¡Qué arte tiene este país! ¡Qué arte tiene esta España profunda!”
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