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Resignación, Resurrección

         Daban los noticiarios hace unos días, que una profesora de Religión, Resurrección Galera, había sido apartada de su puesto por haberse casado por lo civil y con un hombre divorciado.
         ¡Mujer, Resurrección, un poco de coherencia! ¡A quién se le ocurre: por lo civil y, para más inri, con un divorciado! ¡Lo tuyo ha sido una provocación en toda regla! ¡Lo tuyo ha sido sacarle directamente la lengua a tus jefes y a la empresa! ¡Lo tuyo ha sido un ataque sin avisar y con un misil tierra-tierra a los cimientos de la Institución! ¡Resurrección, mujer, hay que ser más disimulada, porque, si se quiere comer todos los días, no se debe morder la mano que te da de comer! ¿Cómo, Resurrección, cielo, le vas a predicar a tus alumnos y alumnas en el Cole las bondades del sacratísimo Sacramento del Matrimonio, si luego... bueno, tú ya me entiendes?
         Y mira, ángel mío, que tu nombre era apropiado para una Profesora de Religión: Resurrección. Ya sabes, por aquello de la muerte, la resurrección y la vida eterna en la que creen los cristianos. ¡Mira tú qué paradoja! Muerte, resurrección,... ¡Resurrección Galera, mujer de poca fe: a galeras, digo, a la calle, al paro!
         Claro, que, la paradoja no es lo de tu nombre. La paradoja es que se siga dando religión en las escuelas públicas cuando hace más de veinticinco años que murió el Caudillo y cuando ese tipo de creencias pertenecen al terreno de lo íntimo, de lo personal y, por tanto, deben practicarse y transmitirse en el seno de la familia y de la iglesia; la gran paradoja, Resurrección, es que el Estado español -que es aconfesional- pague a los profesores de Religión -que, además, no elige el Estado sino la Iglesia-; la grandísima paradoja es que, en un horario escolar cada vez más reducido, se dediquen una o dos horas semanales a hablar a los niños de... ¿de qué, Resurrección?, y se les pida un libro de texto y se le hagan exámenes.
         A mi abuelo, Resurrección, le ocurrió precisamente todo lo contrario: contrató a una maestra -o que hacía las veces de maestra en aquellos tiempos- para que le enseñase las cuatro reglas a mi padre y a mis tíos y tías en los pocos ratos en los que éstos no estaban currando en la huerta; pero a la maestra se le iba el tiempo rezando; así que la puso de patitas en la calle.
         Resurrección, tú sí que puedes decir con toda propiedad y con todo el derecho del mundo eso de: ¡Con la Iglesia hemos topado! Y ya sabes: si te mandan a un Colegio a dar Inglés, no des Matemáticas, y si te mandan a dar Ciencias Naturales, no des Música, o te mandarán con la música a otra parte. Sí, sí, ya sé que tú dabas Religión y no otra cosa, pero es que hay que predicar con el ejemplo, hija.
         Ahora, Resurrección, alma mía, tendrás que empezar una nueva vida, no sabemos si eterna; quiero decir, que tendrás que buscar otro trabajo y que no sabemos cuánto te durará. Bueno, ten fe, ten esperanza, ten resignación. Y consuélate: si te pilla otra época, la excomunión, la inquisición y la hoguera no te las quita ni Dios. Vaya, que no te las quita nadie, quiero decir.
         Consuélate, mujer, tampoco vas a ir al infierno por esto, ¿no?

           

 

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