El ferrobús de las 4'30
Y.- Buenas, que venía a quejarme.
D.- Bueno, y a mí, ¿qué me cuenta?
Y.- Nada, no le cuento nada. Mejor dicho: se lo cuento todo. Porque he venido a quejarme. ¡Que ya está bien, hombre! ¡Que ya está bien!
D.- Pues, empiece. Total, ya estamos acostumbrados. De todas formas no le va a servir de nada. Además, no es Usted el primero que se queja.
Y.- Ni el último.
D.- Por supuesto. Bueno, empiece. Y sea breve, que cerramos a las 2.
Y.- Mire, yo soy como ese que sale en la tele anunciando el atún: que lo tengo como muy claro. Lo tengo claro hace tiempo.
D.- ¿Y qué es lo que usted tiene claro?
Y.- Escribir algo sobre el ferrobús que hace el recorrido Osuna-Sevilla y viceversa. Yo no sé si será una tragedia al estilo griego, un poema pastoril, una novela de amor o una carta al Director, pero desde luego que algún día escribiré algo sobre este ferrobús. Y el título también lo tengo claro. Sea lo que sea lo titularé: “El ferrobús de las 4’30”. Me gusta este título. Tiene un no sé qué de novelero. Tiene garra. Algo así como: “El tren fantasma” o algo por el estilo, ¿no le parece?
D.- Lo que Vd. diga.
Y.- Sí, hombre, lo que yo le diga. ¿Usted no ha viajado nunca en este ferrobús?
D.- No, señor. Yo no acostumbro a utilizar los transportes públicos.
Y.- Hace Vd. pero que muy bien. ¿Usted no ha escuchado esa canción que dice: “Tres cositas tiene Huelva que no las tiene Madrid...”? Pues yo creo que aquí en España tenemos tres “cositas” que son la envidia de los extranjeros...
D.- ¿La envidia... de los extranjeros? Me extraña. Suelte por esa boca, a ver si me convence.
Y.- Pues son, a saber: CTNE, SS y RENFE, o sea, la Telefónica, la Seguridad Social y lo que vulgarmente se conoce con el nombre de Renfe. Mire Ud., no hace mucho me contaba un amigo mío que un hombre que se hizo unos análisis a través de la S. Social le dio en los resultados que estaba embarazado. Figúrese: se quedó de una pieza.
D.- Pobre hombre. ¿Y qué hizo?
Y.- ¡Qué va a hacer! No le quedó más remedio que dar a luz. Bueno, a lo que iba: los extranjeros vienen a España a viajar con Renfe, a llamar por teléfono y a conocer la S. Social. Es lógico. Se lo pasan bien, se ríen. Eso es: se lo pasan bomba utilizando estos servicios. Mire Vd., ayer mismo me quise yo venir en el ferrobús desde Sevilla para acá, para el pueblo. Cuando ya estábamos todos montados en el ferrobús, llega un señor y dice: “Señores, por problemas técnicos harán Vds. el viaje en un autobús que tenemos preparado aquí detrás de la estación.” Aquí ya empezaron a reírse dos alemanas que iban en el tren. Nos bajamos corriendo y nos vamos al autobús a coger sitio. La mitad de la gente no tiene asiento. Se coloca en los pasillos por si arranca el autobús. En la parte exterior del autobús se podía leer: “Climatizado.” Dentro estamos apelotonados y sudando a chorros. Aquello no arranca y llevamos diez minutos de retraso. Llega el señor de antes: “Señores, vamos a poner otro autobús para que puedan viajar más cómodamente.” Nos bajamos la mitad y nos ponemos a la sombra del autobús en espera de que venga el autobús que falta. Entretanto nos sacudimos la ropa para que se seque. Las alemanas siguen montadas. No paran de hablar y se ríen. Un señor quiere que le devuelvan el importe del billete. Prefiere quedarse en Sevilla. Pero la ventanilla está cerrada y el señor que le ha vendido el billete se ha quitado de en medio por lo que pueda ocurrir. Llegan rumores de que no vendrá el otro autobús y de que viene el chófer. Nos montamos corriendo. Nuevo apelotonamiento y la gota gorda. El chófer no viene. Veinte minutos de retraso. Llega el señor de antes: “Los que vayan a Dos Hermanas y Utrera que se bajen, que hemos puesto un tren para ellos.” Mientras se bajan, las alemanas, hablan y se parten de risa. En el autobús quedamos 11. Por fin salimos. 30 minutos de retraso.
D.- Calle, hombre, calle. ¡Qué barbaridad!
Y.- Lo que yo le diga. Y no exagero ni tanto así. Haga la prueba un día. Aunque sea por gusto. Coge Vd. y se va a Sevilla en el ferrobús. O se viene, que es lo mismo. Eso es un mundo. Es como una enciclopedia: Hay de todo y se puede ver de todo. Mire Vd.: Yo he visto la gente con los paraguas abiertos dentro del ferrobús de las 4’30. Y no le digo más. Se cala, oiga. Lástima no haber tenido una cámara fotográfica.
D.- ¡Non digues!
Y.- Ya le he dicho. El tren andando. Lloviendo. Y la gente como si fuera por la calle: con los paraguas abiertos. Una aventura de una vez y lo del “arca perdida” son cuentos. Lo que suele ocurrir con más frecuencia es que se averíe la máquina en los alrededores de Marchena. Entonces te quedas allí, 20, 40, 60 minutos, contemplando el paisaje o haciendo nuevas amistades. Otras veces, se avería pero no se para. Entonces haces el camino a 10 ó 15 kms/hora. Ahora, también puedes tener suerte y pasártelo bien. Recuerdo una vez que iba una familia de las que llamamos numerosas por no llamarlas numerosísimas. Una familia de esas de postguerra, cuando ni anticonceptivos, ni mujer trabajadora, ni nada. Coneja de cría. La madre, gorda y tetuda. Con muchas cachorreñas. Niños de todas las edades y todos los tamaños. El padre, a lo suyo: repartiendo mamporros a diestro y siniestro. Todo el tren pendiente de la familia. Los niños merendaron a las 6. Se comieron el salchichón y tiraron el pan debajo de los asientos. Rompieron un “Diez minutos” y lo repartieron por el vagón. El padre que pilla a uno fumando en el wáter. Le arrea. La madre llora. El padre grita. La pequeña se cuelga de los maleteros y le tira del pelo a la gente...
D.- Calle, hombre, no siga.
Y.- Un desastre. Mire Vd.: Una vez me encontré un vejete que decía que le habían robado el dinero en la estación de la Roda. Me contó su vida, oiga. Sus hijos también le habían robado y además le querían meter en un asilo, pero él nanay de la China...
D.- Pues sí que...
Y.- Yo sí. Yo he viajado mucho en este ferrobús. Mire, para poema épico los domingos por la tarde. En primavera y sobre todo si cae en puente. Cuando lo ves llegar de Pedrera, tan pequeño, con tan sólo dos vagones, tan abarrotado, que parece que no cabe un alfiler... sin embargo, los ursaonenses se lanzan al asalto, a ver si queda algún asiento libre... y al final entra todo el mundo. Se van amontonando los bultos, se va buscando un sitio donde plantar el talón. Lentamente vamos atravesando la llanura entre espantosos bandazos y traqueteos. Igual que el látigo de la feria. Sólo que es la Red Nacional de Ferrocarriles Españoles... En el tren, soldados en cantidades industriales, camino de San Fernando y Rota, con esos macutos gigantes que parecen de ciencia-ficción... estudiantes a porrillo, que además quieren aprovechar el viaje para darle un repaso al examen de mañana... De cada tres personas, una lleva radio y va escuchando Carrusel Deportivo con Juan de Toro y el Anís de España; el que no lleva radio pregunta a un conocido del vagón de enfrente: -Manué, ¿cómo va er Beti? –Perdiendo, mardita sea. –Y tu niña, ¿se casó? –Sí, y el niño lo tengo en Osuna, en el Hospital, con un quiste... Al llegar al Arahal se abren las puertas: Por una, una señora con cochecito y bebé. Por otra, una señora con jaula y canario. No entrarán. Imposible. Pero entran. En Marchena se sube el tío de los mostachones con canasto y todo. En otro pueblo se sube el de la cerveza y la coca-cola... Y cada vez más humo, más ambiente de antro, más apretujados, más calor. Y, así, domingo tras domingo, año tras año... la Renfe pasa de estos pequeños detalles...
D.- Pare, hombre, pare de contar.
Y.- Lo que yo le diga. Y no exagero ni tanto así.
D.- Sí, sí... Lo que Vd. diga...
Y.- Bueno, me voy, ya le seguiré contando otro día. Entretanto haga la prueba.
D.- Otro día. Mejor será. Ya vamos a cerrar.
Y.- De mi parte le pide Vd. disculpas al Director por esta forma tan rara de quejarse.
D.- Ya se las he pedido de su parte.
Y.- Y, ¿qué ha dicho?
D.- Que lo tiene Vd. como muy claro.
Y.- ¿?
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